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sábado, 7 de marzo de 2026

Necrópolis romana de Carmona (Sevilla) ⭐⭐⭐⭐☆

    Teníamos la intención de ver tanto la necrópolis romana de Carmona como el anfiteatro, pero éste último se encontraba cerrado temporalmente. El espacio de la necrópolis, es muy ámplio, tiene un centro de interpretación con una azotea, desde donde se puede ver el anfiteatro. 







    Lo más llamativo de este monumento funerario es la tumba de Servilia, que además de inmensa, es muy bonita, incluso parece que te transporta a hace 2000 años imaginándote ese patio porticado, esas pinturas rupestres y todo eso como punto final de la visita a la necrópolis, que es uno de los yacimientos funerarios romanos más importantes de la península ibérica. Se encuentra a las afueras de la ciudad de Carmona, en la provincia de Sevilla, junto a la antigua vía que conectaba la ciudad con Hispalis, la actual Sevilla. Su uso principal se sitúa entre los siglos I a. C. y II d. C., en plena época romana, cuando Carmona era una ciudad relevante dentro de la provincia romana de la Bética. Como era habitual en el mundo romano, los enterramientos se situaban fuera de las murallas de la ciudad, normalmente a lo largo de las vías de acceso, ya que la ley romana prohibía enterrar a los muertos dentro del núcleo urbano. 







    Este conjunto funerario se desarrolló en una zona rocosa fácil de excavar, lo que permitió crear numerosas cámaras funerarias subterráneas. El descubrimiento moderno de la necrópolis se produjo a finales del siglo XIX. En 1881, durante unos trabajos en una cantera, aparecieron varias tumbas excavadas en la roca. El hallazgo llamó la atención de dos eruditos locales, Juan Fernández López y Jorge Bonsor, quienes comenzaron a estudiar el lugar y a excavar muchas de las tumbas. Bonsor, arqueólogo de origen británico afincado en Carmona, fue especialmente importante en la investigación del yacimiento y en su conservación. Gracias a su trabajo, el lugar se convirtió en uno de los primeros espacios arqueológicos de España abiertos al público con un enfoque museístico. De hecho, a finales del siglo XIX ya existía allí un pequeño museo donde se exponían piezas encontradas en las excavaciones.







    La necrópolis está formada por centenares de tumbas excavadas directamente en la roca, aunque no todas se pueden visitar hoy. Existen diferentes tipos de sepulturas, lo que refleja la diversidad social de quienes fueron enterrados allí. Algunas son simples fosas o nichos, mientras que otras son complejas cámaras funerarias a las que se accede por escaleras excavadas en la piedra. Muchas de estas cámaras tenían varios loculi, es decir, espacios en las paredes destinados a colocar urnas con cenizas o cuerpos. En algunos casos también había bancos o plataformas donde se realizaban rituales funerarios. La cremación fue el rito predominante en las primeras fases, aunque posteriormente también aparecen enterramientos de inhumación.







    Entre las tumbas más conocidas del conjunto destacan dos monumentos funerarios que se han convertido casi en símbolos del lugar. Uno es la llamada Tumba del Elefante, una estructura bastante singular cuyo nombre procede de una escultura de elefante hallada en su interior. La interpretación exacta de este espacio ha sido discutida durante años. Algunos investigadores han pensado que pudo tener relación con cultos orientales, quizá vinculados a divinidades como Cibeles o Mitra, aunque no hay una interpretación completamente segura. El otro monumento muy conocido es la, mencionada anteriormente, Tumba de Servilia, una tumba monumental de gran tamaño que probablemente perteneció a una familia acomodada. Este tipo de construcciones muestran que ciertos sectores de la sociedad romana invertían bastante dinero en sus lugares de enterramiento, buscando mantener el recuerdo familiar.







    Un aspecto interesante de esta necrópolis es que permite entender bastante bien las costumbres funerarias romanas. En muchos casos las tumbas estaban señalizadas en superficie mediante pequeños monumentos, estelas o estructuras visibles para quienes pasaban por la vía cercana. Los romanos daban mucha importancia a la memoria del difunto, y las inscripciones funerarias solían mencionar el nombre, la edad o incluso mensajes dedicados a los muertos. También se realizaban banquetes funerarios y ofrendas periódicas en honor a los fallecidos. La presencia de bancos y patios en algunas tumbas sugiere que estos rituales formaban parte del uso habitual de los espacios funerarios. Otra curiosidad es que la conservación del lugar se debe en parte a su abandono relativamente temprano. Con el paso de los siglos muchas de las estructuras quedaron cubiertas por tierra y vegetación, lo que terminó protegiéndolas de la destrucción. 







    Cuando comenzaron las excavaciones modernas, gran parte de las cámaras funerarias estaban todavía bastante intactas. Aun así, muchos objetos encontrados en su interior, como urnas, lucernas, monedas o pequeños objetos personales, fueron trasladados a museos para su conservación. Hoy en día la Necrópolis de Carmona forma parte del Conjunto Arqueológico de Carmona y está gestionada por la Junta de Andalucía. Se trata de un espacio arqueológico visitable donde se pueden recorrer varias de las tumbas excavadas y entender cómo funcionaba una ciudad romana también desde el punto de vista de la muerte. El lugar se encuentra aproximadamente a un kilómetro del casco histórico de Carmona, en una zona ligeramente elevada que domina la llanura circundante. Muchos especialistas lo consideran uno de los ejemplos mejor conservados de necrópolis romana en el occidente del Imperio. Además, el entorno ha sido acondicionado con senderos y paneles explicativos que permiten comprender el conjunto sin alterar demasiado su aspecto original.


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