Tan solo quedan unas pocas ruinas. En realidad, se conserva un cubo cilíndrico, coronado por un depósito de agua construido en el siglo XX, y un par de paños de muro de lo que en su día fue el Palacio de los Velasco.

Estos restos pertenecen al castillo-palacio de Villalpando, también conocido como Castillo de los Velasco o Palacio de los Condestables, situado en la localidad de Villalpando, en la provincia de Zamora. La primera fortaleza se levantó en el siglo XII, durante la repoblación de Villalpando impulsada por Fernando II de León. El rey concedió fuero a la villa en 1179 y la fortificó con murallas y un castillo, que ayudaban a proteger la frontera oriental del reino leonés y a controlar el paso del río Valderaduey. En 1211, Alfonso IX entregó la villa a la Orden del Temple, que la mantuvo hasta la disolución de la orden en 1312. Después pasó de nuevo a manos de la Corona y fue concedida a distintos señores. La historia del palacio estuvo ligada a la familia Velasco, que obtuvo Villalpando mediante su relación con los Solier. En el siglo XVI, el condestable Íñigo Fernández de Velasco impulsó la reconstrucción del edificio como residencia señorial fortificada.

La obra sustituyó en parte a la construcción anterior y dio al conjunto un carácter tanto residencial como defensivo. Villalpando se convirtió en el centro de administración de las posesiones de los Velasco en Tierra de Campos, y el castillo representó el poder de una familia que ocupó durante generaciones el cargo de condestable de Castilla. El edificio combinaba elementos de fortaleza y palacio. Contaba con un recinto de planta aproximadamente cuadrada y cubos circulares en las esquinas, además de muros preparados para resistir ataques y el uso de artillería. En su construcción se emplearon mampostería y piedra trabajada. De esa estructura amplia apenas se conserva hoy un cubo angular y dos tramos de muro contiguos. El depósito de agua que se colocó sobre el cubo cambió su aspecto y es una de las imágenes más reconocibles de las ruinas. El castillo sufrió daños durante la Guerra de las Comunidades, cuando los comuneros lo incendiaron en el siglo XVI. Después fue reconstruido por los Velasco.

También se recuerda el paso de Carlos I, que se alojó allí en 1520 mientras viajaba hacia las Cortes reunidas en Santiago de Compostela. Otra curiosidad asociada al palacio es que durante un tiempo estuvieron recluidos en él los hijos de Francisco I de Francia, entregados como rehenes tras la captura del monarca por las tropas de Carlos I. A lo largo de los siglos, Villalpando cambió de manos por concesiones y acuerdos entre reyes y señores, más que por una sucesión conocida de grandes conquistas militares del castillo. Entre quienes aparecen en esa trayectoria figuran Fernando II y Alfonso IX de León, la Orden del Temple, Alfonso XI, Enrique II y los linajes de Benavides, Solier y Velasco. Tras la Guerra de Sucesión española, los Velasco perdieron sus cargos y posesiones por haber apoyado al archiduque Carlos frente a Felipe V. La familia abandonó el palacio y el edificio quedó expuesto al deterioro y al expolio. En la actualidad, el castillo se encuentra en ruinas y solo mantiene una pequeña parte de su volumen original. Sus restos permiten reconocer la escala del recinto y la función de sus cubos, pero no muestran cómo era el palacio completo. Su emplazamiento dentro de Villalpando recuerda la importancia que tuvo la villa como plaza fortificada y centro señorial de Tierra de Campos.
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