Paseando por la ciudad de Palencia, nos encontramos con esta iglesia, que nos llamó mucho la atención por su arquitectura progótica. Estaba cerrada y no pudimos acceder a su interior, aunque la iglesia sigue funcionando como parroquia.
La iglesia de San Lázaro se encuentra en el casco urbano de la ciudad y es un templo de origen medieval. El edificio presenta una arquitectura sobria, construida en sillería clara, con una nave única y un ábside marcado, además de una torre-campanario que se percibe ligeramente separada del cuerpo principal. A simple vista se aprecia que no es un edificio homogéneo, sino el resultado de varias fases constructivas, algo bastante habitual en templos urbanos que han ido adaptándose a lo largo de los siglos. Según la tradición local, el origen del templo estaría vinculado a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, quien habría fundado en este lugar un hospital o lazareto hacia finales del siglo XI, destinado a la atención de leprosos y peregrinos.
A partir de la Baja Edad Media, el edificio se consolidó como iglesia y que entre los siglos XIV y XV se fueron levantando las estructuras que hoy definen su aspecto general. En el siglo XVI, la familia Castilla, y en particular don Sancho de Castilla, impulsó una importante reconstrucción y convirtió el templo en espacio funerario familiar, dejando su huella tanto en la fábrica como en la organización interior. El interior de la iglesia alberga su elemento artístico más destacado en el retablo mayor, de estilo renacentista plateresco, fechado en el siglo XVI. Este retablo ha sido considerado tradicionalmente la pieza de mayor valor artístico del conjunto.
Como curiosidad, muy visible en el exterior, junto a una de las puertas se encuentra una escultura moderna que representa a un leproso acompañado de su perro, un guiño directo al pasado hospitalario del lugar y a la advocación de San Lázaro, tradicionalmente asociada a los enfermos. La fachada, sin excesos decorativos, muestra arcos de medio punto y elementos reutilizados que refuerzan la idea de una construcción adaptada y reformada con el paso del tiempo. En cuanto a su estado de conservación, la iglesia atravesó momentos complicados en el siglo XX, con problemas estructurales serios que llegaron a poner en riesgo la estabilidad del edificio, incluyendo el hundimiento parcial de algunas bóvedas. Estas circunstancias obligaron a llevar a cabo importantes obras de restauración a mediados del siglo pasado, que permitieron salvar el conjunto y devolverle el uso litúrgico.
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