Es un castillo nazarí que ahora se encuentra en restauración. En vez de mezclas y hormigones actuales, se está utilizando mortero de cal, mucho más fidedigno a la forma de construir medieval. Ya hay muchas partes restauradas y reconstruidas y poco a poco irá tomando forma.

También desde su ubicación tenemos unas preciosas vistas del Desierto de Tabernas, el único desierto puro de la vieja Europa. Desde ésta ubicación almeriense se controlaba un paso natural entre la costa y el interior, lo que explica que este lugar haya sido ocupado con fines defensivos desde época medieval. El origen del castillo se sitúa en época andalusí, probablemente entre los siglos XI y XII, en un momento en que el sureste peninsular estaba fragmentado en reinos de taifas y más tarde bajo dominio almorávide y almohade. La fortaleza responde al modelo típico de fortificación islámica de frontera, pensada más para vigilar y resistir que para servir de residencia palaciega. Tras la conquista cristiana, que en esta zona se consolida en el siglo XIII bajo la expansión de la Corona de Castilla, el castillo pasa a manos castellanas y continúa utilizándose como punto defensivo en una tierra todavía inestable, especialmente por las tensiones con el Reino nazarí de Granada.

Durante la Baja Edad Media el castillo queda integrado en el sistema defensivo del Reino de Granada una vez que los musulmanes recuperan temporalmente la zona en distintos momentos. Este ir y venir de fronteras hace que fortalezas como la de Tabernas cambien de manos en varias ocasiones. La conquista definitiva por los Reyes Católicos a finales del siglo XV, en el contexto de la Guerra de Granada, marca el final de su función militar activa. A partir de entonces, como ocurre con muchas fortalezas de interior, pierde progresivamente importancia. El castillo presenta un recinto alargado adaptado a la forma del cerro, con murallas de mampostería reforzadas por torres de planta rectangular y semicircular. Se distinguen varias líneas defensivas, lo que indica fases de ampliación o refuerzo. El acceso principal estaba protegido por sistemas en recodo, una solución habitual en fortificaciones islámicas para dificultar el asalto directo.

En el interior se conservan restos de aljibes, fundamentales en este entorno árido, y estructuras que debieron servir como almacenes o dependencias de guarnición. Una de las curiosidades del lugar es su relación indirecta con el paisaje que lo rodea. El aspecto del desierto de Tabernas ha hecho que la zona sea utilizada como escenario cinematográfico en numerosas producciones, especialmente westerns, y alguna que otra película de guerra, como Patton en los años 70. Durante éste rodaje se dañó el propio castillo. En concreto, una de sus puertas de acceso fue destruida a causa de las necesidades de la filmación. Además, al pie de la fortaleza se descubrió una necrópolis árabe con varias tumbas, algo que salió a la luz precisamente por las intervenciones relacionadas con el rodaje. También se estalló una bomba que ha dejado un socabón en uno de sus patios.

El recinto, como he dicho antes, sigue en restauración, lo que permite apreciar el carácter original sin reconstrucciones discutibles y sigue siendo un buen ejemplo de arquitectura militar medieval en una zona menos conocida que otras grandes rutas históricas de Andalucía. En conjunto, el Castillo de Tabernas es una pieza más dentro del complejo mosaico de fortificaciones que marcaron la frontera entre el mundo islámico y cristiano en la península ibérica. No destaca por grandes episodios documentados ni por haber sido residencia de reyes famosos, pero precisamente por eso resulta interesante ya que refleja mejor que otros lugares más conocidos cómo era la guerra cotidiana, la vigilancia del territorio y la vida en una frontera viva y cambiante durante siglos.
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