La Catedral de Almería es un edificio gótico, que, aparte de ser catedral, también fue fortaleza a juzgar por sus gruesos muros y a sus torres defensivas. Una vez que la paseamos por fuera, decidimos acceder al interior donde disfrutamos sobre todo del cláustro barroco con 30 arcos de medio punto que nos dejó maravillados.
Antes de llegar a la Catedral de Almería, pasamos por la plaza del ayuntamiento, donde hay un monolito dedicado a los Mártires de la Libertad, conocido popularmente como Pingurucho de los Coloraos. Fue construido en 1870 como recordatorio de un fracasado levantamiento en contra de Fernando VII, para intentar restaurar la Constitución de 1812, la Pepa. Estos libertarios llegaron desde Gibraltar con casacas rojas, de ahí el apodo de "Los coloraos".
Es uno de los edificios más singulares del sur de España, tanto por su aspecto como por su función histórica. No es solo un templo religioso, sino también, como he comentado antes, una fortaleza más defensiva que monumental. Se encuentra en pleno casco histórico de Almería, cerca del puerto y relativamente próxima a la Alcazaba de Almería, formando parte de un conjunto urbano muy marcado por siglos de conflictos y cambios de poder.

Su construcción comenzó en el siglo XVI, después de que un fuerte terremoto en 1522 destruyera la antigua catedral medieval. En ese momento, la ciudad vivía bajo la amenaza constante de ataques de piratas berberiscos procedentes del norte de África, lo que explica que el nuevo edificio se diseñara con carácter defensivo. El impulsor principal fue el obispo Diego Fernández de Villalán, quien apostó por una catedral que pudiera servir como refugio para la población en caso de ataque. De ahí que combine elementos del gótico tardío y del renacimiento con soluciones claramente militares, algo poco habitual en otras catedrales españolas. Una de las curiosidades más llamativas es su torre, que funciona como un auténtico bastión. Además, el conjunto está rodeado por un sistema de contrafuertes y almenas que refuerzan esa imagen de fortaleza.

En el interior, sin embargo, el ambiente cambia bastante al ser más sobrio que otras catedrales andaluzas, con una nave amplia y una sensación de austeridad que encaja con su origen defensivo. Destaca especialmente el llamado “Sol de Portocarrero”, un relieve con rostro humano rodeado de rayos que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad, vinculado al obispo Juan de Portocarrero. A lo largo de los siglos, la catedral ha sufrido diferentes transformaciones, restauraciones y añadidos, pero mantiene bastante bien su carácter original. No es un edificio recargado, ni pretende competir en ornamentación con otras grandes catedrales como las de Sevilla o Granada; su interés está en esa mezcla de templo y fortificación, que refleja una época concreta de inseguridad en la costa mediterránea. Además, su ubicación, ligeramente elevada respecto a algunas zonas cercanas, refuerza su papel como punto de control y protección.

Hoy en día, su estado de conservación es bueno y sigue siendo uno de los principales referentes patrimoniales de la provincia. Funciona como catedral en uso, abierta al culto y a las visitas, y forma parte del recorrido habitual de quienes se interesan por la historia de Almería. Más allá de su valor artístico, lo interesante es lo que cuenta, que Almería es una ciudad que tuvo que adaptarse a terremotos, incursiones piratas y cambios políticos, y que respondió construyendo un edificio que no es solo un símbolo religioso, sino también una solución práctica a los problemas de su tiempo.
¡¡Conoce y vive España!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario