La verdad es que el entorno es increiblemente precioso, no en vano se encuentra en medio de la zona del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, en el este andaluz. Más que un castillo es una fortaleza artillera que apuntaba siempre hacia el mar para persuadir a los piratas berberiscos de acercarse a la costa almeriense a saquear y secuestras a los paisanos.

Este edificio también es llamado Castillo de San Felipe. Está situado sobre una pequeña loma volcánica frente al mar, dominando una amplia franja de costa y vigilando antiguas rutas marítimas especialmente expuestas a incursiones. Desde allí se controla visualmente una buena parte del litoral, algo esencial en una época en la que el principal peligro venía del mar. Su origen se remonta al siglo XVIII, en plena época de reformas defensivas impulsadas por la monarquía borbónica. Fue mandado construir durante el reinado de Carlos III de España, dentro de un sistema de fortificaciones costeras diseñado para defender la costa. No es un castillo medieval al uso, sino más bien una batería militar costera adaptada a la artillería de la época. Su construcción se encuadra dentro de un plan más amplio que incluía torres vigía y fortalezas repartidas estratégicamente por todo el litoral de Almería y Granada.

Desde el punto de vista arquitectónico, el Castillo de los Escullos responde a un modelo funcional, sin concesiones estéticas innecesarias. Tiene planta ligeramente rectangular, con muros gruesos de mampostería reforzada, diseñados para resistir impactos de artillería. En su interior se organizaban dependencias básicas para la guarnición, almacenes de pólvora y víveres, y espacios para la tropa. En la parte superior se encontraba la plataforma artillera, desde donde se colocaban los cañones orientados hacia el mar. No buscaba imponerse visualmente como símbolo de poder feudal, sino cumplir una función concreta de vigilar y defender la susodicha costa.

Durante su periodo activo, la fortaleza formó parte de una red coordinada de vigilancia costera. Las torres cercanas transmitían señales mediante humo o fuego, alertando de la presencia de embarcaciones sospechosas. En caso de ataque, el castillo podía responder con fuego de artillería o servir como refugio para la población cercana, aunque su capacidad defensiva era limitada frente a ataques de gran escala. No hay constancia destacada de grandes batallas o conquistas asociadas directamente a este castillo, lo cual encaja con su carácter disuasorio más que bélico. Con el paso del tiempo y el declive de la piratería en el Mediterráneo, especialmente a lo largo del siglo XIX, el castillo perdió su función militar.

Como muchas otras fortificaciones costeras, cayó en desuso y sufrió un progresivo abandono. A lo largo del tiempo ha sido restaurado en varias ocasiones, lo que ha permitido conservar su estructura principal en buen estado. Hoy en día se puede visitar exteriormente y en ocasiones el interior, aunque desconzco cuando es abierto al público, aunque viendo lo visto, el abandono en el que está sumido, presumo que hace tiempo que no se pone a disposición del público. El Castillo de los Escullos está rodeado por formaciones volcánicas características del Cabo de Gata, con coladas solidificadas y formas erosionadas que le dan un aspecto casi aislado y áspero. Muy cerca se encuentra el arrecife fósil conocido como “Los Escullos”, que da nombre al castillo, una formación de origen marino que evidencia cambios geológicos antiguos en la zona.

Este entorno refuerza la sensación de enclave estratégico, pero también de lugar remoto y expuesto. Una curiosidad es su uso como escenario cinematográfico. El paisaje del Cabo de Gata, incluido este castillo, ha servido de localización para diversas producciones, especialmente en décadas pasadas, cuando la zona se utilizaba como sustituto de paisajes desérticos o costeros en cine europeo. Esto añade una capa más a su historia, ya no militar sino cultural. En la actualidad, el castillo se encuentra en un estado de conservación razonablemente bueno gracias a intervenciones de restauración, aunque no ha sido transformado en un gran centro turístico. Sigue siendo una construcción sobria, integrada en el paisaje, sin grandes artificios. Su valor reside precisamente en eso, en ser un ejemplo claro de arquitectura militar del siglo XVIII adaptada a un problema concreto, en un lugar donde el aislamiento y la dureza del entorno eran parte de la defensa.
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