Este es el castillo cabecera de la Orden de Montesa, monjes guerreros como los de Alcántara, del Temple, de Santiago o los Calatravos, que serán de los más importantes de la península. Ya con esto, se denota la enorme importancia de este castillo.

El castillo es visitable con visitas guiadas gestionadas desde la propia Oficina de Turismo de Montesa. Durante la visita, la guía te explica muchas cosas y te va diciendo lo que era cada parte. Aunque el castillo está bastante ruinoso, es una joya que poco a poco van restaurando, como por ejemplo la sala capitular que está restaurada alguna parte y reconstruida otra parte. La diferencia entre reconstrucción y restauración se basa en los materiales utilizados, siendo en la restauración los mismos materiales originales del edificio. El Castillo de Montesa se alza sobre un cerro en el interior de la provincia de Valencia, dominando el pequeño municipio de Montesa y el valle que lo rodea. Desde esa altura se controla un amplio territorio y las rutas naturales de paso entre la costa y el interior.
Hoy lo que se conserva es un conjunto de ruinas imponentes que todavía permiten entender su importancia estratégica y simbólica dentro de la historia del antiguo Reino de Valencia. Antes del castillo cristiano existió una fortificación islámica levantada en época andalusí, probablemente entre los siglos X y XI, cuando la zona formaba parte de Al Ándalus. Tras la conquista cristiana del territorio en el siglo XIII por Jaime I de Aragón, la fortaleza pasó a manos cristianas y fue integrada en el sistema defensivo del nuevo reino. Durante un tiempo estuvo vinculada a la Orden del Temple, una de las órdenes militares más poderosas de la época, que recibió numerosos castillos tras la expansión cristiana por tierras valencianas.
El punto de inflexión llegó con la disolución de la Orden del Temple a comienzos del siglo XIV. Sus bienes quedaron en una situación delicada y fue entonces cuando Jaime II de Aragón impulsó la creación de una nueva orden militar propia que heredara esas posesiones en sus territorios. Así nació la Orden de Montesa en 1317, con el castillo como sede principal. A partir de ese momento Montesa se convirtió en el centro espiritual y político de la orden. La construcción que hoy tenemos aquí es en gran medida obra de esa orden, que transformó la antigua fortaleza islámica en un complejo monástico militar. Además de ser un castillo defensivo, fue también un monasterio, lo que explica la presencia de espacios religiosos junto a estructuras militares. La iglesia, el claustro, las dependencias de los monjes guerreros y los sistemas defensivos convivían dentro del recinto.
La arquitectura combina elementos góticos sobrios con soluciones prácticas propias de una fortaleza, muros gruesos, torres y accesos bien protegidos. A lo largo de los siglos la Orden de Montesa estuvo vinculada a la monarquía de la Corona de Aragón y después a la monarquía hispánica. Con el tiempo los reyes fueron asumiendo el control de la orden hasta que quedó prácticamente integrada en la Corona. Figuras como Felipe II de España reforzaron esa relación, convirtiendo a las órdenes militares en instrumentos más controlados por el poder real. El castillo siguió siendo la sede de la orden durante siglos, aunque su importancia fue disminuyendo conforme cambiaban las necesidades militares.
Uno de los episodios más decisivos en la historia del castillo fue el terremoto de 1748, que causó graves daños tanto en la fortaleza como en el pueblo. El seísmo fue tan destructivo que dejó el conjunto prácticamente en ruinas y obligó a trasladar la sede de la orden a Valencia. Desde entonces el castillo no volvió a recuperar su función original y quedó abandonado en gran medida, iniciando el proceso de deterioro que explica su estado actual. Lo que se puede ver hoy son restos de murallas, torres, aljibes y dependencias internas que permiten reconstruir mentalmente el complejo original. La disposición se adapta al terreno, aprovechando la forma del cerro para reforzar la defensa. Los muros son robustos y las estructuras interiores reflejan la doble función militar y religiosa.
No es un castillo palaciego ni especialmente ornamentado, sino una construcción austera pensada para resistir y para albergar a una comunidad organizada. Resulta interesante su papel como heredero directo de los bienes templarios en la Corona de Aragón, lo que lo conecta con uno de los episodios más conocidos de la historia medieval europea. Hoy el castillo se encuentra en estado de ruina consolidada, con trabajos de conservación que buscan evitar su desaparición total. El castillo de Montesa es un ejemplo claro de cómo una fortaleza puede evolucionar a lo largo del tiempo, pasando de enclave islámico a centro de una orden militar cristiana y terminando como ruina histórica marcada por un desastre natural. Es uno de los castillos más cargados de historia, sobre todo si se entiende su relación con la Orden de Montesa y con la reorganización del poder tras la desaparición de los templarios.
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