Este castillo, a pesar de estar cerrado al público, nos gustó mucho ya que se encuentra muy bien conservado. Es junto al puente sobre el río, que es del siglo XII, lo más destacado de la población salmantina. Las vistas del castillo desde el puente son maravillosas.

El castillo, también llamado castillo de los Dávila, se encuentra en el municipio salmantino de Puente del Congosto, en la comarca del Alto Tormes y junto al límite con la provincia de Ávila. Está levantado sobre un escarpe de la margen izquierda del río Tormes, en una posición desde la que dominaba el puente medieval y el paso de personas, ganados y mercancías. Su origen está ligado al señorío concedido en 1393 por el rey Enrique III de Castilla a Gil González Dávila. Este caballero y sus descendientes impulsaron la fortificación para controlar el paso y los ingresos asociados al portazgo, el pago exigido por cruzar el puente. Por tanto, su construcción se sitúa a finales del siglo XIV, aunque el edificio fue reformado y transformado en etapas posteriores. La historia del castillo está relacionada con varias casas y figuras de la Corona castellana.

Tras los Dávila, la villa pasó a la Orden de Calatrava y en 1539, después de la guerra de las Comunidades de Castilla, fue transferida a la Casa de Alba. Permaneció vinculada a este linaje hasta 1881, cuando, desaparecido el cobro del portazgo, fue vendida a particulares. La tradición indica que Isabel I de Castilla pasó una noche en el castillo y que Carlos V se alojó allí durante su viaje hacia el monasterio de Yuste. Su importancia fue sobre todo estratégica, fiscal y territorial, pues protegía un punto de paso relevante en la Cañada Real Soriana Occidental. El recinto tiene una planta de hexágono irregular, rodeada por muros altos, con un cubo defensivo en uno de sus extremos y un patio de armas que conduce a la zona interior. Un muro grueso separa ese patio del núcleo principal, formado por una torre rectangular de cuatro plantas y otro cuerpo adosado de tres niveles con azotea, construido en una fase posterior. Bajo uno de los patios existe un aljibe para almacenar agua.

La torre conserva una bóveda de ladrillo sostenida por arcos de granito, una escalera de caracol y distintos huecos defensivos, como saeteras, aspilleras y troneras. Algunas puertas antiguas están cegadas, pero todavía se reconoce bien la función militar del conjunto. La arquitectura combina mampostería y sillería de granito, materiales habituales en las construcciones defensivas de esta zona. El castillo y el puente formaban una unidad defensiva y económica. El puente permitía cruzar el Tormes y contaba con elementos de fortificación que ayudaban a vigilar y cerrar el paso cuando era necesario. Se conservan restos de una torre sobre una de las pilas y de conexiones entre el puente y el castillo. El control del tránsito no solo tenía valor militar, también permitía recaudar peajes y supervisar una ruta ganadera importante. Una curiosidad del conjunto es que el puente aparece asociado a dos torres en el escudo de la localidad, aunque hoy solo quedan vestigios de una de ellas. Otra es que el cementerio se adosa a las murallas del recinto, integrándose en el mismo espacio histórico.

Actualmente el castillo es de propiedad privada y ha sido adaptado en parte para la celebración de eventos, por lo que no funciona como monumento de visita pública ordinaria. Su estado general se considera bueno, aunque las reformas y los cambios de uso han alterado algunos espacios originales. El puente fortificado es original de los siglos XII y XIII, aunque en el siglo XV es cuando se fortifica por orden de Los Reyes Católicos. El castillo, junto con el puente fortificado sobre el Tormes, fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de conjunto histórico en 2019. Esa protección reconoce su valor como testimonio de la organización señorial, del control de caminos y de la arquitectura defensiva castellana entre el final de la Edad Media y la Edad Moderna.
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