Antes de ir al castro, quisimos visitar el museo dedicado a este yacimiento arqueológico. Tuvimos que esperar a que llegara el guía, pero, cuando apareció, se había olvidado las llaves del museo. Aun así, nos dio una buena explicación en la puerta y después nos fuimos al yacimiento.

Allí encontramos un recinto extenso, con numerosos muros y bastante maleza que, si sigue creciendo, podría acabar dificultando la vista de algunos tramos de muros. El Castro de Yecla la Vieja, también conocido como El Castillo, se encuentra en Yecla de Yeltes, al sur del pueblo, en la provincia de Salamanca. Está asentado en un promontorio junto a la confluencia del río Huebra y el arroyo Varlaña, una posición que ofrecía buenas condiciones para la defensa y el acceso al agua. Desde el pueblo se llega por carretera y un camino que conduce hasta las inmediaciones del recinto. Su origen se remonta a la Edad del Hierro, hacia el siglo V antes de nuestra era, cuando lo habitaron los vetones. El asentamiento siguió ocupado durante la época romana y sus habitantes lo abandonaron, probablemente, en torno al siglo XII, cuando la población se trasladó a la actual localización de Yecla de Yeltes.

Dentro del recinto se construyó siglos después la ermita de Nuestra Señora del Castillo, que todavía se conserva y aporta una huella posterior a la etapa del poblado. Lo más llamativo son las murallas de piedra, que rodean un espacio de unas cinco hectáreas y se adaptan al terreno. Se conservan varios accesos y, en algunos puntos, se colocaron piedras verticales hincadas en el suelo para dificultar el paso y el acceso de la caballería a los muros, algo en lo que al menos yo, no había reparado en otros yacimientos preromanos. También hay grabados en las rocas, sobre todo figuras de caballos y jinetes, además de animales como toros y jabalíes. Uno de los conjuntos se conoce popularmente como el grabado de los Siete Infantes de Lara. Son detalles que invitan a detenerse y mirar las piedras con calma, aunque la vegetación puede hacer que algunos sean difíciles de localizar.

El recinto se encuentra en estado de ruina consolidada y conserva una parte importante de sus defensas, aunque el aspecto que vimos recuerda que un yacimiento al aire libre necesita mantenimiento constante. La maleza cubría algunos sectores y restaba visibilidad a los muros, por lo que sería conveniente mantenerla controlada para que el recorrido pueda apreciarse mejor. La visita permite hacerse una idea de la extensión del poblado y de su emplazamiento, pero hay que caminar con atención por el terreno irregular. El museo del pueblo completa el recorrido con piezas originales relacionadas con los vetones y la ocupación romana, entre ellas cerámicas, estelas funerarias y un verraco de piedra. En nuestro caso no pudimos entrar porque el guía no llevaba las llaves, aunque la explicación que nos dio en la puerta sirvió para situar lo que íbamos a encontrar. El castro se puede visitar al aire libre y el aula arqueológica suele requerir cita previa, así que conviene confirmarlo antes de ir.
¡¡Conoce y vive España!!

















No hay comentarios:
Publicar un comentario