Solo hemos podido verlo por fuera, porque en el interior del recinto había un evento, ya que la fortaleza o pazo de los Tovar, se dedica a eso, a preparar eventos. Por fuera tiene un aspecto bastante bueno, al menos lo que es la torre, otra parte del edificio presenta peor estado, al menos por fuera.
La Fortaleza de los Tovar, conocida también como Pazo de Tovar, se encuentra en la parroquia de Santo Tomé, en el municipio de Lourenzá (Lugo). Su origen está ligado a una antigua villa amurallada medieval, cuyo núcleo defensivo primitivo fue la llamada Torre de Canedo, documentada ya en torno al siglo XII. A partir de esa base militar temprana, el conjunto evolucionó con el paso de los siglos, hasta que en el siglo XVI experimentó una transformación decisiva de la mano de Antonio de Tovar, gentilhombre del emperador Carlos I, quien la convirtió en una residencia noble adaptada al gusto renacentista.
La historia de la fortaleza está marcada por la continuidad de varios linajes nobiliarios. A lo largo del tiempo estuvo vinculada a familias como los Tovar, los Andrade, los Rivadeneira, los Ponce de León y los Vázquez de Seixas. Tras la muerte de Antonio de Tovar, el pazo pasó por herencia a Brianda de Tovar y posteriormente fue integrándose en nuevas líneas familiares, manteniendo siempre su carácter señorial dentro del valle de Lourenzá. Este edificio jugó históricamente un papel administrativo y residencial.
Arquitectónicamente, el conjunto conserva la mezcla entre fortaleza medieval y pazo renacentista. La estructura principal es rectangular y está flanqueada por dos torres cuadradas, reforzadas con almenas, saeteras y elementos defensivos como troneras y barbacanas. Además, cuenta con una torre de homenaje que recuerda su función original. La construcción combina mampostería de pizarra con sillería de granito en las partes nobles, lo que le da un aspecto sólido pero elegante. La puerta de acceso, realizada en estilo gótico isabelino, incluye decoraciones con bustos en relieve, y el patio interior muestra arquerías del mismo estilo. Las fachadas incorporan abundante heráldica que refleja los linajes que pasaron por la propiedad.
Entre sus curiosidades, destaca que, pese a su aspecto militar, fue uno de los pazos que mejor integró la transición entre fortificación defensiva y residencia señorial, un proceso habitual del siglo XVI en Galicia. También sobresale la abundancia de escudos en dinteles y fachadas, un recurso habitual para afirmar prestigio y legitimidad en los pazos gallegos de esa época. Su emplazamiento, en un punto elevado del valle, hace que destaque en el paisaje, y su proximidad al antiguo monasterio de San Salvador lo vincula al desarrollo histórico y cultural de Lourenzá.
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