Estamos ante una iglesia del siglo IX de estilo prerománico que para mi gusto, es preciosa. Se le notan a sus piedras el paso del tiempo en el desgaste producido por el agua y el viento de esta maravillosa tierra. Se encuentra en la carretera que sube hasta el Monte Naranco, un mirador desde donde se ve todo Oviedo y que está coronada por el monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Esta es la segunda iglesia que nos encontramos al subir.
La iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo está rodeada de un entorno natural que contrasta con su tamaño contenido, lo que hace que la primera impresión sea la de un edificio modesto pero con un peso histórico evidente. El lugar suele presentarse como uno de los ejemplos más representativos del arte asturiano. El origen del templo se atribuye al reinado de Ramiro I, en el siglo IX. La construcción original era más grande que la que se conserva hoy en día. Parte del edificio se derrumbó en la Edad Media y solo permaneció en pie aproximadamente un tercio. Aun así, los elementos que sobrevivieron permiten hacerse una idea del estilo arquitectónico del momento, marcado por soluciones técnicas avanzadas para su época.
El interior (al que no pudimos acceder), según dicen, llama la atención por los relieves en la que algunos fragmentos decorativos muestran influencias diversas, lo que sugiere contactos culturales amplios para un territorio pequeño y montañoso. Se suele mencionar que ciertos detalles escultóricos indican una intención estética muy cuidada, poco habitual en construcciones tan antiguas del norte peninsular. Una curiosidad frecuente es que la estructura conserva parte de la puerta original, con jambas labradas que muchos visitantes pasan por alto.

También se comenta que el edificio pudo haber estado dedicado inicialmente a funciones palatinas además de religiosas. En cuanto a su estado, el templo ha pasado por varias restauraciones a lo largo de los últimos siglos. Sin embargo, se presenta habitualmente como un edificio estable y protegido, con controles para evitar un desgaste excesivo debido a la afluencia de visitantes. La localización, tan próxima a Oviedo, facilita la visita y permite comprender mejor el peso simbólico que tuvo este conjunto en la monarquía asturiana. A pesar de su tamaño reducido, San Miguel de Lillo conserva suficientes elementos originales como para servir de referencia al estudiar la evolución del prerrománico.
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