Este castillo se encuentra en Fuentes de Valdepero, una pequeña población al norte de Palencia. El castillo está bien rehabilitado y es muy bonito. En su interior podemos encontrar en las distintas plantas de la torre del homenaje, que es muy, muy grande, un museo con maquetas de los distintos castillos de la zona, e información con los distintos paneles. No hay nada interactivo, por desgracia.
Aunque el castillo tiene un aspecto muy limpio, es decir la piedra no parece de hace 500 años, sino que parece nueva, realmente no es así. sus piedras se han limpiado pero son originales del siglo XV. En el interior de la fortaleza hay imágenes del antes y el después, y no hay grandes partes reconstruidas, tan sólo se han recrecido una mijita algunos lienzos y poco más. Por lo que este es un castillo original. Es una fortaleza cuya configuración principal se desarrolló en la Baja Edad Media, con especial protagonismo del siglo XV. Está ligado al linaje de los Sarmiento, una familia nobiliaria documentada desde al menos el siglo XIII, con una presencia notable en Castilla y en territorios del noroeste peninsular. El castillo, fue levantado sobre estructuras previas y ampliado conforme aumentaban el poder y las necesidades defensivas de sus propietarios.
Su función fue tanto militar como simbólica, ya que representaba de forma visible la autoridad del señor sobre el territorio. La fase constructiva más importante se sitúa en la década de 1460, durante la vida de Diego Pérez Sarmiento, señor de Fuentes de Valdepero y posteriormente conde. En ese periodo se levantaron los elementos esenciales del castillo, como el recinto principal, las torres angulares y una torre del homenaje de grandes dimensiones, resultado de refortalecer el edificio tras las revueltas de los comuneros y cuando las fortalezas castellanas empiezan a reforzarse ante el uso creciente de la artillería, lo que explica el extraordinario grosor de los muros que en algunos puntos alcanzan los nueve metros, y la reducción de vanos. No se trataba solo de resistir ataques externos, sino también de imponer respeto y dejar clara la jerarquía social en un contexto de conflictos nobiliarios frecuentes.

Como decía, el castillo fue escenario de episodios históricos relevantes, especialmente durante la Guerra de las Comunidades en el primer tercio del siglo XVI. En ese contexto fue sitiado por fuerzas comuneras, y su rendición estuvo marcada por negociaciones fallidas, traiciones y un posterior saqueo. Tras la derrota comunera, la fortaleza volvió a manos de sus señores, que reforzaron aún más su carácter defensivo simbolizándolo con esa gran y mastodóntica torre del homenaje. Estas modificaciones alteraron su aspecto original, cerrando accesos y aumentando el grosor de algunos lienzos, lo que convirtió el castillo en una estructura todavía más compacta y difícil de tomar.

A lo largo de los siglos la propiedad del castillo cambió varias veces. Tras la pérdida de protagonismo directo de los Sarmiento en la villa, pasó a otros linajes nobiliarios y acabó vinculado a grandes casas aristocráticas. Con el paso del tiempo dejó de cumplir una función militar real y entró en un periodo de decadencia, como ocurrió con muchas fortalezas señoriales. Parte de sus estructuras se deterioraron y su uso se volvió marginal, aunque nunca llegó a desaparecer del paisaje ni de la memoria local. Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo presenta una planta sólida y cerrada, construida fundamentalmente en piedra. Destacan sus torres circulares en las esquinas, adaptadas a la defensa artillera, y la torre del homenaje, concebida como núcleo de poder y último refugio. El interior estaba organizado en torno a patios y estancias que combinaban funciones defensivas, residenciales y administrativas. Aunque hoy su altura y volumen no son exactamente los originales, el conjunto sigue transmitiendo una sensación de fortaleza compacta y pesada, muy propia de las construcciones nobiliarias castellanas del final del medievo.

Entre las curiosidades asociadas al castillo se encuentran leyendas locales relacionadas con símbolos de poder señorial, como la presencia de elementos heráldicos y relatos sobre actos de justicia ejercidos desde la fortaleza. Estas historias, transmitidas de forma oral, refuerzan la imagen del castillo como centro de dominio político y social, más allá de su función puramente militar. No se trata tanto de hechos documentados como de reflejos del imaginario colectivo construido en torno a la nobleza y su autoridad. En la actualidad el castillo se conserva en un estado estable gracias a intervenciones de restauración realizadas en época reciente. Ha sido adaptado a nuevos usos culturales y administrativos, lo que ha permitido su recuperación y apertura al público. Su localización, a escasa distancia de la ciudad de Palencia y en pleno paisaje de la Tierra de Campos, lo convierte en un elemento destacado del patrimonio histórico provincial. Más allá de su valor monumental, el Castillo de los Sarmiento funciona hoy como un testimonio tangible de la evolución del poder señorial, de las formas de guerra medieval y de la transformación de las fortalezas en espacios de memoria histórica.
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