Es un tramo bastante largo del acueducto romano de Almuñécar que está en un recinto cerrado al que no se puede acceder. Al estar en bajo, es decir, que las calles aledañas están más altas que el antiguo acueducto, se puede ver bastante bien desde arriba. Hay paneles informativos en el que nos señala que también se pueden ver más tramos montaña arriba, hasta siete kilómetros en distintos tramos si no recuerdo mal.
La pena es que no se puede entrar al recinto. Por lo demás, es bastante curioso el monumento romano del que se pueden ver también los restos de una antigua terma. Este acueducto, con origen en el siglo I, en época del emperador Flavio, fue utilizado hasta el siglo XX, siendo el único acueducto del mundo utilizado durante 2.000 años sin interrupción. El Acueducto Romano de Almuñécar es uno de los conjuntos hidráulicos romanos mejor conservados de Andalucía y uno de los elementos patrimoniales más significativos de la costa granadina. Su construcción se sitúa en el contexto de la ciudad romana de Sexi Ferminia, un enclave de gran importancia económica durante el Imperio Romano gracias a la pesca, la salazón y la producción de garum. El acueducto fue concebido para garantizar el suministro continuo de agua tanto a la población como a las instalaciones industriales, especialmente a las factorías de salazones, lo que da una idea clara de su papel clave en el desarrollo urbano y económico de la ciudad.

El sistema hidráulico no se limita a una única estructura, sino que está formado por varios tramos de acueductos, canalizaciones y puentes que captaban el agua principalmente de los ríos Verde y Seco, situados en las sierras cercanas, y la conducían hasta la ciudad. A lo largo del recorrido se conservan importantes restos como los acueductos de Torrecuevas, El Prado, Los Pilares y Sexi, algunos de ellos con arcos de gran altura y otros excavados directamente en la roca. Esta combinación de soluciones técnicas demuestra el alto nivel de conocimiento en ingeniería hidráulica de los romanos, que adaptaban el trazado a la orografía abrupta del terreno sin perder la pendiente necesaria para el flujo constante del agua.
En época andalusí, estas canalizaciones fueron reaprovechadas y adaptadas para el riego agrícola, integrándose en las acequias medievales que aún hoy abastecen huertas de la vega almuñequera. Este uso continuado explica el buen estado de conservación de algunos tramos y convierte al acueducto en un ejemplo poco común de infraestructura antigua con una función prolongada en el tiempo. El estado de conservación del conjunto es desigual, pero notable en términos generales. Algunos acueductos mantienen en pie sus arcadas principales, mientras que otros se conservan como restos de pilares, canales elevados o galerías excavadas. Varios tramos están integrados en el paisaje urbano y rural, visibles desde caminos, carreteras o zonas agrícolas, lo que refuerza su valor como elemento patrimonial vivo y no aislado. En los últimos años se han realizado trabajos de protección, señalización y estudio arqueológico que han permitido una mejor comprensión del sistema completo y su puesta en valor cultural.

Los restos del acueducto se distribuyen por distintos puntos del término municipal de Almuñécar y sus alrededores, desde las zonas montañosas de captación de agua hasta las proximidades del casco histórico. Esta dispersión refuerza la idea de una red compleja que estructuraba el territorio y condicionaba la vida cotidiana de la ciudad romana. El acueducto de Almuñécar no destaca solo por su antigüedad, sino por su funcionalidad, su adaptación al entorno y su continuidad histórica, siendo un testimonio directo de cómo la ingeniería romana dejó una huella duradera en el paisaje y en la organización del territorio granadino y andaluz.
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