Cuando nos dispusimos a ir, intentamos llamar por teléfono para concertar una cita y no nos contestaban. Al final, como nos pillaba en la ruta, decidimos acercarnos al yacimiento. Allí había una visita concertada y es donde estaba la guía, que claro, si estaba en el yacimiento haciendo una visita, pues no podía atender el teléfono, la pobre mujer no tiene el don de la ubicuidad, como creo que nos para a todos nosotros.

Cuando llegamos, aunque no teníamos visita concertada y éramos dos nada más, pues accedió a unirnos al grupo y poder ver esta maravilla que nos ha dejado aquí el imperio romano. Al recinto aún le queda por excavar, y probablemente ahora (Navidad de 2025) estará cerrado por obras de reacondionamiento y ampliación de las excavaciones. Nuestra visita fue en septiembre de 2025 y el yacimiento estaba vertebrado por dos grandes excavaciones conservadas por dos grandes estructuras techadas, con unas pasarelas para poder ver el conjunto arqueológico. Luego, también visitamos el museo arqueológico de la población con muchas cosas interesantes, incluso alguna obra de Picasso.

El yacimiento se encuentra en el término municipal de Salar, en el poniente granadino, a las afueras de la población, una zona estratégica desde la Antigüedad por su cercanía a las rutas naturales que comunicaban la costa con el interior de la Bética. La villa apareció de forma fortuita a comienzos del siglo XXI, durante la construcción de una carretera, y desde entonces se ha convertido en uno de los hallazgos arqueológicos romanos más relevantes de Andalucía. Se sitúa en una fértil vega regada por afluentes del Genil, un entorno ideal para la explotación agrícola intensiva que caracterizó a muchas villas romanas del sur peninsular. Desde el punto de vista histórico, la villa se interpreta como la residencia rural de una familia perteneciente a la élite económica local, probablemente vinculada a la producción y comercialización de aceite de oliva u otros productos agrícolas.

Los restos conservados indican una ocupación prolongada entre los primeros siglos del Imperio romano y la Antigüedad tardía, con distintas fases constructivas que reflejan reformas, ampliaciones y cambios de uso. No se trataba sólo de una explotación agraria, sino también de un espacio de representación social, diseñado para mostrar riqueza, estatus y adhesión a los modelos culturales romanos, algo muy visible en la calidad de sus elementos decorativos. Uno de los aspectos más llamativos del yacimiento son sus mosaicos, considerados entre los más destacados descubiertos en Andalucía en las últimas décadas. Destaca especialmente un gran mosaico figurativo que decoraba una sala principal, posiblemente un comedor o espacio de recepción, con escenas mitológicas y una composición de gran calidad técnica.
La disposición de las estancias alrededor de patios porticados, la existencia de zonas termales y la cuidada planificación del conjunto refuerzan la idea de una villa de alto nivel económico. Como curiosidad, algunas estancias muestran signos de reutilización o abandono progresivo, lo que permite estudiar cómo se transformó la vida rural romana en un periodo de crisis y cambio. La Villa romana de Salar se encuentra en proceso continuo de investigación, conservación y puesta en valor, con excavaciones que avanzan de forma gradual. A día de hoy, el conjunto representa un ejemplo claro del potencial arqueológico aún oculto en el medio rural andaluz y de cómo estos hallazgos permiten comprender mejor la romanización del territorio, la organización económica del campo y la vida cotidiana de las élites provinciales lejos de las grandes ciudades.
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