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martes, 6 de enero de 2026

Castillo de Alhama de Granada (Granada) ⭐⭐⭐☆☆

     Hace tiempo que teníamos ganas de ir a ver este castillo ya que coge bastante a trasmano. Por fín llegó el día y pudimos ir a verlo. El castillo rojo de Alhama de granada nos gustó mucho, pero nos decepcionó un poco que no pudiéramos verlo por dentro ya que lo están rehabilitando para convertirlo en hotel. Lo que sí supimos es que por las noches dan cenas en los jardines del castillo en verano y que ya, en éstas fechas de invierno, estaba previsto que se abriera el restaurante en el interior. 







    Este castillo está pintado de rojo, como era original, aunque varía la tonalidad que anteriormente era de un rojo teja. Esta plaza, allá por el siglo XV era muy importante y por eso fue un objetivo prioritario en los prolegómenos de la conquista de la ciudad de Granada. De hecho fue conquistado por los Reyes Católicos poco antes, e incluso la Reina Isabel estuvo viendo la villa, dando así lustre la la conquista cristiana. El Castillo fue una fortaleza de carácter defensivo vinculada directamente al control del territorio fronterizo del reino nazarí de Granada. Se levantaba sobre un espolón rocoso que domina el profundo tajo excavado por el río Alhama, un emplazamiento natural que ofrecía una defensa excepcional y que explica por qué el lugar fue fortificado desde época medieval. Su función principal fue militar y estratégica, más que residencial, y estuvo siempre ligada a la vigilancia de caminos, al control de la población y a la protección de una plaza considerada clave en el occidente del reino nazarí.







     La villa de Alhama, a la que daba nombre el castillo, era un punto de paso relevante entre Málaga, Loja y Granada, lo que incrementó el valor de la fortaleza en un contexto de guerra casi permanente durante los siglos finales de la Edad Media. La construcción del castillo se atribuye al periodo andalusí, con especial desarrollo durante la época nazarí, probablemente entre los siglos XIII y XIV. Este tipo de fortalezas solía ampliarse y reforzarse a lo largo del tiempo, adaptándose a nuevas necesidades defensivas. La obra combinaba muros de mampostería, tapial y refuerzos de piedra, con torres y lienzos adaptados al terreno abrupto, aprovechando el tajo como foso natural. La arquitectura respondía a criterios prácticos, como la resistencia resistencia, el control visual y la dificultad de acceso para el enemigo, por ello se muestra sin elementos decorativos destacables.







    La toma de la plaza por las tropas de los Reyes Católicos en 1482, supuso un duro golpe para el reino nazarí, tanto por su valor estratégico como por su carga simbólica. A partir de ese momento, Alhama se convirtió en un enclave cristiano rodeado de territorio enemigo, lo que obligó a reforzar sus defensas y a mantener una guarnición constante. La célebre expresión “¡Ay de mi Alhama!”, atribuida a las crónicas y romances posteriores, refleja la conmoción que produjo esta pérdida en el bando nazarí, aunque su formulación exacta pertenece más a la tradición literaria que a hechos realmente ocurridos. Tras la conquista, el castillo fue adaptado a las necesidades defensivas cristianas, pero con el paso del tiempo perdió importancia militar. Como ocurrió con muchas fortalezas medievales, el avance de la artillería y la pacificación del territorio provocaron su progresivo abandono. 







     Parte de sus estructuras fueron desmontadas o reutilizadas como cantera para construcciones cercanas, y otras simplemente se arruinaron por falta de mantenimiento. Hoy no se conserva el castillo en su integridad, sino restos integrados en el entramado urbano y en el borde del tajo. En la actualidad, el estado del castillo es, como decía antes, de restauración para convertirlo en hotel. No se trata de un castillo monumental al uso, sino de un ejemplo claro de fortificación de frontera, más austera y funcional. Su interés reside tanto en lo que queda como en lo que representa, siendo un lugar clave en la historia del final de al-Ándalus, escenario de uno de los episodios que marcaron el comienzo del fin del reino nazarí. El emplazamiento del castillo y del pueblo sobre el tajo hace que el conjunto siga transmitiendo una sensación de fortaleza natural difícil de igualar, recordando que en muchos casos la mejor muralla fue el propio paisaje.


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