Es un castillo prácticamente abandonado pero eso sí, con unas vistas impresionantes. Para subir hay una parte común y luego otra que es circular.

Yo aconsejo subir por la Puerta del Sol, que está reconstruida, que aunque es más difícil el camino, a la hora de bajar es más peligroso por los chinillos sueltos que pueden dar pie a resbalones. La bajada por detrás es más suave y más fácil. El llamado Castillo de la Culebra se encuentra en el término de Alange, en la provincia de Badajoz, Extremadura, encaramado en una elevación próxima al actual embalse de Alange y muy cerca del conocido Cerro de la Culebra. Pero, ¿porqué se llama Castillo de la Culebra? pues según una leyenda popular, cuando estaban construyendo el castillo, apareció una gran culebra que nadie podía matar. Los albañiles pensaron que era un mal augurio y decidieron incorporarla a los cimientos, como un elemento más de la arquitectura. Según dicen, la culebra se convirtió en la guardiana del castillo y su espíritu sigue protegiéndolo.

El castillo domina visualmente el valle del río Matachel y el corredor natural que conecta la zona de Mérida con el sur peninsular. Quien controlaba este punto vigilaba caminos, ganado, mercancías y movimientos militares. Es una fortificación modesta en comparación con grandes alcazabas extremeñas, pero estratégicamente muy bien situada. El origen del enclave es islámico y se remonta a los siglos IX y X, en el contexto de la organización defensiva de al-Ándalus. No puede desligarse de la importancia del cercano núcleo romano de Alange, conocido por sus termas, visitables hoy en día, que siguió teniendo relevancia en época medieval. La fortificación primitiva sería una estructura adaptada al terreno, construida con mampostería y tapial, pensada para vigilancia y refugio más que para grandes asedios. Tras el avance cristiano por tierras extremeñas en el siglo XIII, el castillo pasó a manos leonesas en el marco de las campañas impulsadas por Fernando III, rey de Castilla y León, cuando se consolidó el dominio cristiano en la zona tras la toma de Mérida y Badajoz.

Una vez conquistado, el enclave quedó vinculado a la Orden de Santiago, que recibió amplios territorios en Extremadura para su defensa y organización. La orden reforzó y adaptó la fortaleza, aunque nunca llegó a convertirse en un gran castillo señorial. Su función fue más bien la de punto de control secundario dentro de una red que incluía plazas más relevantes. Durante los siglos XIII y XIV tuvo guarnición estable y sirvió de apoyo en la administración del territorio, pero a medida que la frontera con el islam se desplazó definitivamente hacia el sur, su papel militar fue perdiendo peso. El Castillo de la Culebra presenta restos de murallas que siguen el perfil irregular del cerro, con tramos de mampostería y posibles restos de torres que hoy se perciben de forma fragmentaria. No conserva grandes volúmenes en alzado, y buena parte de sus estructuras están arruinadas o integradas en el terreno. Su diseño responde a la lógica de una posición elevada cuya topografía hace buena parte del trabajo defensivo.

En cuanto a su estado actual, se encuentra en ruinas, con restos visibles pero sin una restauración integral que permita recorrerlo como un recinto completamente consolidado. Es más un yacimiento histórico aunque la torre del homenaje sí parece que ha recibido alguna ayuda para su mantenimiento y consolidación. Desde este emplazamiento se entiende por qué se aquí y cómo encajaba en la red defensiva medieval de Extremadura. En conjunto, el Castillo de la Culebra en Alange representa bien la lógica de la frontera medieval extremeña con el camino paralelo de muchas de sus fortificaciones, siendo de origen andalusí, conquista cristiana en el siglo XIII, cesión a una orden militar y progresivo abandono cuando dejó de ser imprescindible.
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