Un monasterio histórico y muy bonito, incluso las visitas son medio guiadas pero, hay muchas partes en las que no se puede ni grabar videos ni hacer fotos, por eso le doy peor nota. Uno de los sitios que más me gustaron fue el camarín de la Virgen de Guadalupe, pero que tampoco pudimos hacerle fotos ni nada.

Por este tema de no poder grabar, es por lo que me decepcionó un poco esta visita. Entiendo que muchas veces, a obras de arte como pinturas, el uso de flash le puede hacer daño, pero que no permitan grabar ni fotografiar sin flash, no lo entiendo. Pero bueno, pasemos a la historia del complejo monumental. El Real Monasterio de Guadalupe se encuentra en la localidad de Guadalupe, en la provincia de Cáceres. Está enclavado en un entorno montañoso, relativamente aislado, lo que durante siglos reforzó su carácter espiritual y estratégico como centro de peregrinación. Hoy forma parte del Patrimonio Mundial declarado por la UNESCO desde 1993, y sigue siendo uno de los grandes símbolos religiosos e históricos de España. Su estado de conservación es muy bueno, fruto de sucesivas restauraciones y del mantenimiento continuo, ya que continúa activo como monasterio y como foco turístico y cultural.

El origen del monasterio está vinculado a la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe, según la tradición, en el siglo XIII. La leyenda cuenta que la talla fue ocultada siglos antes para protegerla durante la invasión musulmana y que fue hallada por un pastor tras una aparición mariana. A partir de ese momento comenzó a desarrollarse un santuario que pronto recibió el apoyo de la monarquía castellana. Fue especialmente impulsado por Alfonso XI en el siglo XIV, tras atribuir a la Virgen su victoria en la batalla del Salado en 1340. Desde entonces, el lugar quedó estrechamente ligado a la Corona de Castilla, que lo convirtió en monasterio real y lo dotó de privilegios, rentas y protección.

Arquitectónicamente, el conjunto es una mezcla de estilos que reflejan su larga evolución. Predomina el gótico mudéjar en el claustro principal y en algunas dependencias, pero también hay elementos góticos más puros, renacentistas, barrocos y neoclásicos. La iglesia tiene una fuerte impronta gótica, aunque su interior fue transformado en época barroca. El camarín de la Virgen es uno de los espacios más espectaculares, con una decoración exuberante propia del barroco tardío. El monasterio también contó con hospital, escuela de medicina y farmacia, lo que demuestra que no fue solo un centro religioso, sino también científico y asistencial. Un aspecto fundamental de su historia es su vinculación con los Reyes Católicos. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón mantuvieron una relación estrecha con el monasterio.

Cristóbal Colón peregrinó a Guadalupe tras su primer viaje a América en 1493 para dar gracias por el éxito de la expedición, y allí se bautizaron indígenas traídos del Nuevo Mundo. Además, muchos topónimos americanos, especialmente en México, recibieron el nombre de Guadalupe en honor a esta advocación extremeña, que posteriormente se fusionaría simbólicamente con la Virgen de Guadalupe mexicana. Durante siglos estuvo habitado por monjes jerónimos, que convirtieron el monasterio en un centro espiritual e intelectual. En el siglo XIX sufrió las consecuencias de la desamortización, lo que provocó el abandono temporal del complejo y un deterioro considerable. Más tarde fue recuperado y pasó a manos de la orden franciscana, que continúa ocupándolo en la actualidad. Su importante biblioteca histórica conservó manuscritos valiosos y un gran papel en la medicina medieval, con prácticas quirúrgicas relativamente avanzadas para su época.

La Virgen de Guadalupe es patrona de Extremadura y una de las devociones más extendidas en el mundo hispánico. El monasterio no solo fue un centro de peregrinación medieval, sino un nodo cultural y político que conectó Castilla con América en los albores de la Edad Moderna. Hoy el Real Monasterio de Guadalupe combina funciones religiosas, museísticas y turísticas. Se puede visitar buena parte del conjunto, incluyendo claustros, sacristía, camarín y dependencias históricas y el propio pueblo de Guadalupe conserva un casco histórico muy bien mantenido, con soportales tradicionales que refuerzan la sensación de estar ante un enclave detenido en el tiempo.
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