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jueves, 19 de febrero de 2026

Castillo de Herrera del Duque (Badajoz) ⭐⭐☆☆☆

     La verdad es que nos costó un poco poder subir al castillo, ya que el navegador no nos indicaba bien el camino. Al final, a la vieja usanza, o sea, preguntando, nos dirigieron a la entrada de un camino, asfaltado en parte, que nos condujo hasta el castillo, casi hasta las mismas murallas. 







    La fortaleza se encuentra restaurada, pero cerrada al público. Desconozco si habría algún día de apertura, aunque por lo que vi, parece que está todo abandonado. El Estado, Ayuntamiento, Diputación o quien haya sido se ha gastado una pasta en restaurarlo, hacerle pasarelas y escaleras para su acceso, todo para después abandonarlo a su suerte. El Castillo de Herrera del Duque se alza sobre un cerro dominante en la localidad de Herrera del Duque, en la provincia de Badajoz. Desde esa altura de unos 800m sobre el nivel del mar, se controla visualmente un amplio territorio de La Siberia extremeña, una comarca históricamente estratégica por su carácter fronterizo y por las rutas naturales que conectaban el valle del Guadiana con los territorios de Toledo y Córdoba. 







    El origen del castillo se remonta al periodo islámico, probablemente entre los siglos IX y X, cuando Al-Ándalus organizaba su sistema defensivo frente a los reinos cristianos del norte. Es una fortificación inicial de tapial o mampostería sencilla, adaptada al relieve. En 1232 la zona fue ocupada por tropas vinculadas al reino de Castilla, en tiempos de Fernando III. Ya en época bajomedieval el castillo adquirió un carácter señorial. La villa y su fortaleza quedaron vinculadas a linajes nobiliarios, especialmente a la poderosa casa de los Sotomayor. Durante el siglo XV la fortificación fue profundamente reformada, adquiriendo el aspecto que en buena medida conserva hoy. En ese momento dejó de ser solo una estructura militar de frontera para convertirse también en símbolo de poder territorial. Las reformas incluyeron el refuerzo de murallas, la construcción de torres más sólidas y la adaptación a nuevas técnicas defensivas. Conviene tener en cuenta que el siglo XV fue una época convulsa en Castilla, con conflictos internos entre nobles y luchas sucesorias, lo que explica la necesidad de reforzar posiciones estratégicas.







    Arquitectónicamente el castillo presenta una planta irregular adaptada al cerro sobre el que se asienta. Está rodeado por una muralla perimetral con cubos y torres de planta cuadrangular. Destaca la torre del homenaje, de gran solidez, que actuaba como último reducto defensivo y como residencia principal del señor. Los muros muestran una combinación de mampostería y refuerzos de sillería en las esquinas. Es una fortaleza robusta, funcional y pensada para resistir asedios más que para impresionar por su ornamentación. A lo largo de los siglos perdió progresivamente su función militar. Con la unificación de los reinos peninsulares y el alejamiento de la frontera, su valor estratégico disminuyó. A diferencia de otros castillos que quedaron en ruinas, el de Herrera del Duque ha llegado en un estado relativamente bueno de conservación. Hoy se puede recorrer por fuera al menos la parte de la entrada cerrada del recinto y apreciar su estructura defensiva sin demasiadas alteraciones modernas que distorsionen su lectura histórica.







     Durante siglos fue el referente visual del municipio, hasta el punto de que la propia villa creció bajo su sombra. También es interesante observar cómo su silueta domina un paisaje que, aunque hoy parece tranquilo y casi aislado, fue escenario de tensiones políticas y militares durante la Edad Media. El castillo formó parte de esa red de fortalezas menores que sostenían el control del territorio, garantizaban la recaudación de rentas y servían como punto de refugio en caso de conflicto. Podemos hablar de un núcleo original altomedieval islámico, transformado en los siglos XIII al XV, con especial impulso en el siglo XV bajo dominio señorial cristiano. Esa superposición de etapas es visible en los distintos tipos de fábrica y en la disposición de las torres. Es un ejemplo bastante claro de cómo evolucionaron las fortalezas rurales de frontera hacia residencias fortificadas nobiliarias.


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