Nuestro objetivo era el subir a ver el castillo que hay arriba, en el promontorio, pero buscando la forma de subir, nos encontramos con esta maravillosa iglesia de estilo mudéjar, gótico y renacentista, del siglo XV. Al estar abierta, accedimos al interior y el párroco amablemente nos encendió el alumbrado con la premisa de que cuando acabáramos las apagáramos, cosa que hicimos.

La iglesia es sencilla por dentro, pero tiene un gran retablo, desaparecido en parte, del siglo XVI. La Iglesia de San Juan Bautista en Herrera del Duque es la parroquia principal de este municipio de la provincia de Badajoz, situada en una posición elevada dentro del casco urbano, lo que le da un papel protagonista en el perfil del pueblo. Está dedicada a San Juan Bautista y es uno de los edificios que mejor explican la evolución histórica y social de la localidad. Por dimensiones y presencia transmite la ambición de una villa que quiso dejar huella en piedra. Su origen se remonta al final de la Edad Media. La primera referencia documental conocida es de 1483, aunque partes del edificio podrían ser anteriores.

Entre 1494 y 1500 se produjo una ampliación importante que configuró buena parte de su estructura actual. El resultado es un edificio que mezcla elementos mudéjares con rasgos del gótico tardío. No fue una obra levantada de una sola vez, sino un proceso largo, con reformas y añadidos, lo que explica esa sensación de conjunto robusto y algo heterogéneo. En el siglo XVII, concretamente en 1660, la capilla mayor fue transformada y se levantó una cúpula que sustituyó a la anterior bóveda de crucería, señal de que el templo seguía adaptándose a los gustos y necesidades de cada época. Exteriormente está construida en mampostería con refuerzos de ladrillo y piedra. Los contrafuertes y el aspecto sólido de sus muros le dan una apariencia casi defensiva. La portada principal presenta arcos de tradición mudéjar y conserva elementos heráldicos que remiten a linajes locales con influencia en la villa. Existe también la llamada puerta del Sol, que comunicaba con el antiguo cementerio o huerto parroquial.

El interior se organiza en tres naves separadas por pilares sólidos, con la nave central más elevada. El espacio es amplio y relativamente sobrio en comparación con grandes templos urbanos, pero transmite esa escala casi catedralicia que sorprende en una población de tamaño medio. A lo largo de los siglos albergó un retablo mayor del siglo XVI con pinturas y esculturas de calidad, aunque buena parte de su patrimonio artístico se perdió durante la Guerra Civil, cuando el edificio fue utilizado como garage, despoblándose totalmente de imágenes y objetos de culto, desapareciendo también su retablo mayor. Éste y algunos cuadros se pudieron recuperar en parte. El retablo actual, de estilo barroco y dorado, se instaló en 1956 como parte del proceso de recuperación del templo. Es una pieza que responde más a la voluntad de restaurar la dignidad litúrgica que a conservar el conjunto original.

Es interesante observar cómo las distintas fases constructivas quedan visibles en detalles arquitectónicos, permitiendo “leer” el paso del tiempo en los muros y tiene ese valor de autenticidad que a veces se pierde en templos más intervenidos. Su estado actual es el de una iglesia en uso, con intervenciones recientes destinadas a consolidar cubiertas y estructuras para evitar deterioros mayores. Como muchos edificios históricos, necesita mantenimiento constante, pero sigue siendo el centro parroquial y uno de los principales referentes patrimoniales del municipio. Para quien visite Herrera del Duque con algo de interés por la historia, es una parada obligada.
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