El castillo de Miranda del Castañar es privado y no se puede visitar por dentro. Por fuera hay algunas partes que están bien conservadas, pero hay otras que están en un estado lamentable.

De todas formas es una visita muy interesante la de la población salmantina, perteneciente a la comarca de la Sierra de Francia, una zona con una arquitectura muy particular, traída por los franceses, que repoblaron la zona en tiempos de Alfonso IX de León, aunque este dato ahora mismo está en cuarentena, para mi es más que plausible. El castillo de Miranda del Castañar forma parte del recinto fortificado medieval de la villa y ocupa una posición dominante sobre el terreno. La fortaleza está integrada con la muralla, que conserva buena parte de sus aproximadamente 631 metros de perímetro y sus cuatro puertas. Esta ubicación permitía controlar los accesos y dominar visualmente el entorno.

La historia de Miranda está vinculada a la repoblación. La tradición local sitúa en 1213 la repoblación de la villa, que posteriormente se convirtió en cabeza de una comunidad de villa y tierra. Durante los siglos siguientes pasó por diferentes señoríos hasta quedar vinculada a la poderosa familia Zúñiga. En 1423 Juan II concedió Miranda a Pedro de Zúñiga y en 1457 Enrique IV creó el condado de Miranda en favor de Diego López de Zúñiga. La fortaleza se convirtió así en una representación del poder señorial de esta familia. El castillo actual es principalmente bajomedieval y su configuración se desarrolló entre los siglos XIV y XV sobre defensas anteriores. Las fuentes lo relacionan especialmente con Pedro de Zúñiga, aunque lo más prudente es considerarlo fruto de varias etapas constructivas.

Su elemento más destacado es la gran torre del homenaje, acompañada por otros recintos defensivos. En sus muros aparecen troneras circulares para armas de fuego, muestra de la adaptación de la fortaleza a las nuevas técnicas militares de finales de la Edad Media. La fortaleza tiene una planta irregular, adaptada al terreno y al recinto defensivo de la villa. No era únicamente un edificio militar, sino también un espacio vinculado al poder y residencia de los señores de Miranda. A finales de la Edad Media incluso fue escenario de disputas nobiliarias, cuando García Álvarez de Toledo, duque de Alba, llegó a ocupar la fortaleza alegando derechos sobre ella. Con el tiempo perdió su función militar y algunos de sus espacios fueron reutilizados.

La antigua plaza de armas terminó convertida en plaza de toros, uno de los elementos más curiosos del conjunto. Actualmente el castillo conserva su torre principal, partes de sus recintos y estructuras defensivas, aunque no ha llegado íntegro hasta nuestros días. Su valor está especialmente en la relación que mantiene con la muralla y con el propio trazado medieval de Miranda. El conjunto permite entender la evolución de la villa desde la repoblación leonesa del siglo XIII hasta el dominio de los Zúñiga durante la Baja Edad Media. Más que una fortaleza aislada, el castillo es la pieza central de una población fortificada.
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