El castillo de la villa leonesa de Palacios de la Valduerna ha sido reconstruido parcialmente, aunque conserva importantes zonas en ruinas y continúa en la Lista Roja del Patrimonio desde 2008.

Es de propiedad privada y está cerrado al público. Lo que menos nos gustó fue que apenas se puede contemplar a través de una puerta enrejada. Intentamos buscar otra perspectiva, pero las casas que lo rodean nos lo impidieron. Conocido también como castillo de los Bazán, se encuentra en la comarca de Tierra de La Bañeza, junto al río Duerna. La historia de la villa se remonta al reinado de Alfonso V de León, quien tuvo allí una residencia que dio origen a Palacios del Rey. A finales del siglo XIV, Enrique II de Castilla entregó el señorío de la Valduerna a Juan González Bazán. La familia estableció su residencia en Palacios y el castillo se convirtió en sede de su poder señorial. No se conoce con certeza quién ordenó construir el castillo ni la fecha exacta de las obras pero, se estima que puede ser del siglo XV, dentro del periodo de mayor auge de los Bazán, que más tarde recibieron el título de vizcondes.

El castillo fue residencia de esta familia durante unos dos siglos. En 1485, gente armada de Astorga asaltó la villa y derribó parte de su cerca, en medio de las rivalidades entre los Bazán y los Osorio. El recinto tenía una planta trapezoidal de unos seiscientos metros cuadrados, con muros de piedra trabada con argamasa y bóvedas de ladrillo en las torres. Contaba con dos entradas, una principal en el lado oeste y otra secundaria en el este, destinada al servicio y al paso de animales. La fortaleza tuvo cuatro torres, tres de carácter defensivo y una que también se utilizó como vivienda. De esta última se conservan dos ventanales con arcos de medio punto, una escalera interior y una bóveda de cañón. Sus muros alcanzan gran grosor en las plantas inferiores.

Durante el siglo XVI, Palacios de la Valduerna fue perdiendo importancia frente a La Bañeza, que se liberó de su jurisdicción en 1523. Los pleitos con los franciscanos de Astorga y el crecimiento comercial de la villa vecina contribuyeron a ese declive. Más adelante, Pedro de Zúñiga Avellaneda y Bazán trasladó allí su residencia. En 1753 el castillo ya estaba parcialmente derruido y parte del terreno se utilizaba para pequeños huertos. A comienzos del siglo XX seguía en proceso de ruina. En 1982, el propietario restauró una de las torres para convertirla en vivienda. Aun así, la mayor parte del conjunto permanece arruinada. Hoy se conserva parte de un lienzo de muralla y la torre habitada, mientras que otros elementos que aparecen en descripciones antiguas, como una galería de arcos y varios cubos, se han perdido o apenas se identifican.
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