Este es uno de esos castros que nos ha encantado. Se encuentra en un acantilado, en el que se reconoce, que en los últimos 2.000 años, más o menos, el mar con su fuerza incansable, ha derruido parte de lo que había más próximo al acantilado. Es un castro habitado desde los siglos I al III. La particularidad es que muchas de sus cabañas tiene suelo de piedra, cosa que antes yo no la había visto (no quiero decir que no existan, sino que yo no había reparado en ello).
El Castro de Fazouro se encuentra en el municipio de Foz, en la provincia de Lugo, Galicia. Está situado sobre un acantilado que domina el mar Cantábrico, lo que le proporcionaba una posición defensiva excelente y unas vistas privilegiadas del litoral. Su localización, entre la ría de Foz y la costa de Burela, fue estratégica tanto para la vigilancia del mar como para el control del territorio cercano. Se trata de uno de los castros costeros mejor conservados del norte gallego, y es un ejemplo característico de los asentamientos fortificados de la cultura castreña.

El Castro de Fazouro representa la transición entre el mundo prerromano y la romanización. La sociedad castreña se organizaba en pequeñas comunidades tribales. Posteriormente, con la llegada de Roma, la zona fue integrada en la provincia de Gallaecia, y el asentamiento probablemente se convirtió en un pequeño núcleo dependiente de la administración romana. El castro fue construido por los habitantes de la cultura castreña, un pueblo de raíces celtas que ocupaba el noroeste peninsular.

Las viviendas, como es sabido, eran de planta circular u ovalada, aunque en este caso, excepto alguna construcción ovalada, la mayoría son cuadrangulares, construidas con muros de piedra y techos vegetales, generalmente de paja o madera. En el Castro de Fazouro se conservan restos de varias de estas estructuras, así como parte de las murallas que rodeaban el recinto. También se han identificado pasillos y divisiones internas que muestran una cierta planificación urbanística, adaptada al relieve del promontorio. Su superficie ronda las dos mil metros cuadrados, lo que lo convierte en un castro de tamaño medio, pero con un grado de conservación notable.

Una de las curiosidades más llamativas de Fazouro es que fue uno de los pocos castros excavados de forma sistemática en la costa lucense durante el siglo XX. Las primeras excavaciones se realizaron en 1963 y 1964, dirigidas por el arqueólogo José Luis Vázquez Varela. A raíz de esos trabajos se reconstruyeron parcialmente algunas viviendas para mostrar cómo pudieron haber sido en su época, lo que lo convierte en un yacimiento didáctico muy visitado. Una particularidad de la excavación es que se han reconstruido algunas pequeñas partes, pero delimitando lo antiguo de la nuevo para evitar falsos históricos, como debe ser.

Hoy en día, el castro cuenta con un panel informativo, por una cara en gallego y por la otra en español, que explican la vida cotidiana de sus antiguos habitantes. El estado de conservación del Castro de Fazouro es bueno, aunque, como comentaba antes, parte del asentamiento ha sido dañado por la erosión marina, ya que se encuentra muy al borde del acantilado, que avanza lentamente hacia el interior. A pesar de ello, las estructuras visibles permiten hacerse una idea clara de la distribución y el modo de vida castreño.

Se asume, que la integración en el mundo romano fue paulatina, mediante la asimilación cultural y económica más que por la fuerza. El Castro de Fazouro es un testimonio destacado de la cultura castreña del norte de Galicia, con influencias romanas evidentes y una ubicación espectacular frente al mar. Es un ejemplo de cómo la arqueología permite reconstruir el pasado de un territorio que fue, durante siglos, un punto de contacto entre el Atlántico, la montaña y el imperio romano.
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