Una pena como nuestras autoridades dejan que nuestro patrimonio, el patrimonio de todos, desaparezca sin remedio. De este castillo, situado en la población vallisoletana de Canillas de Esgueva, tan sólo quedan un par de cubos y los restos de algunos cimientos. Los dos cubos se alzan desde el suelo solos, altivos, sin ayuda de ningún lienzo que los ayude, contra viento, contra los elementos y contra la dejadez de políticos locales y de todo el país, diputaciones, comunidades autónomas, gobiernos, etc.

En el cerro en donde se situaba el castillo, en el subsuelo, se han excavado bodegas que casi diría que son lo más atrayente del recinto, aunque se nota que también en su mayoría están abandonadas. La torre de la iglesia cercana, parece más una torre de un castillo que el propio castillo. Canillas de Esgueva, dentro del valle del río Esgueva, es un territorio que durante la Edad Media fue zona de paso, frontera cambiante y espacio de control señorial. El castillo se alzaba en una posición ligeramente elevada respecto al entorno inmediato, lo que permitía dominar visualmente los caminos cercanos y parte del valle. Se trataba de una construcción vinculada al control local del territorio. Tradicionalmente se sitúa su construcción principal en la Baja Edad Media, probablemente entre los siglos XIV y XV.
El castillo estuvo ligado a la nobleza castellana, como tantos otros de la zona, en un periodo en el que los linajes locales reforzaban su poder mediante edificaciones defensivas y residenciales. Su construcción estaría relacionada con el fortalecimiento del poder señorial durante los reinados de monarcas como Juan II o Enrique IV de Castilla, una etapa marcada por conflictos internos, disputas nobiliarias y luchas por el control del territorio. El castillo de Canillas de Esgueva responde a un modelo sobrio y funcional. Predomina la fábrica de mampostería, con volúmenes compactos y una clara vocación defensiva. Su función habría sido más disuasoria y administrativa que estrictamente militar, actuando como símbolo del poder feudal y punto de control sobre la población y los recursos del entorno.
Durante los siglos finales de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna, muchos castillos de este tipo fueron perdiendo relevancia militar, especialmente tras la consolidación del poder de la monarquía y el desarrollo de nuevas técnicas de guerra que hicieron obsoletas muchas fortificaciones tradicionales. Con el paso del tiempo, el castillo entró en un proceso de abandono progresivo, la falta de uso, la reutilización de materiales y la ausencia de mantenimiento provocaron su deterioro.
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