Tenía yo muchas ganas de visitar este monumento. De los importantes de la Emérita Augusta, era el que me faltaba por visitar. Es una visita interesante, donde podemos entrar en el centro de interpretación y luego pasear por todo el monumento y admirar piedra a piedra, grada a grada y pisar la arena por donde los mejores aurigas romanos competían por la victoria.

Quizás, aquí, en este escenario, fue donde consiguió sus primeras victorias Gaius Appuleius Diocles, antes de partir hacia Roma, donde se convirtió en el deportista mejor pagado de la historia (hasta la llegada de Michael Jordan) con más de 15.000 millones de sestercios, unos 2.500 millones de Euros actuales. Una cosa que no me gustó es el vídeo que te ponen en el centro de interpretación, que no me aportó nada. Creo que estos vídeos deben centrarse en contarnos la historia del monumento que vamos a visitar y no una historia surrealista que es mejor para otro escenario, como el cine, la tv o los podcast y no en un centro de interpretación.
El Circo Romano de Mérida es uno de los grandes edificios de espectáculos de la antigua Emérita augusta y, dentro de su categoría, uno de los mejor conservados del antiguo Imperio romano en Hispania. Se construyó en época imperial, probablemente a comienzos del siglo I d. C., cuando la colonia ya estaba plenamente consolidada como capital de la provincia de Lusitania. Su función principal era acoger carreras de carros, un espectáculo muy popular y de fuerte carga social y política, donde no solo se competía por velocidad, sino también por prestigio, apuestas y rivalidades entre facciones. A diferencia del teatro o el anfiteatro, el circo estaba pensado para un público muy numeroso y para eventos de larga duración, lo que explica su enorme tamaño y su ubicación algo alejada del núcleo monumental más denso de la ciudad. fue descubierto en 1910, hasta ese momento, tan solo se veían la parte superior del graderío, a la que llamaban "Las Siete Sillas".
Desde el punto de vista arquitectónico, el circo responde al modelo clásico romano: una pista alargada con extremos curvos, dividida longitudinalmente por una espina (spina en latín) central alrededor de la cual giraban los carros. En esa espina se colocaban elementos decorativos y funcionales, como obeliscos, estatuas o contadores de vueltas, que además servían para aumentar la espectacularidad del conjunto. En uno de los extremos se situaban las cárceres (carceres en latín), las puertas de salida desde las que partían los carros de forma simultánea (que quedaron destruidos al hacerse la carretera Madrid-Lisboa a finales del siglo XIX). Las gradas se organizaban en distintos sectores según el estatus social de los asistentes, reflejando de forma muy clara la jerarquía romana incluso en el ocio. Aunque hoy faltan muchos de los alzados, la planta del edificio y buena parte de sus estructuras básicas se reconocen con bastante claridad.
Una de las curiosidades del circo emeritense es que, a pesar de su tamaño y de su importancia en la vida pública romana, durante siglos quedó relativamente al margen del imaginario monumental de la ciudad, eclipsado por el teatro y el anfiteatro. Esto se debe en parte a que gran parte de sus restos quedaron enterrados o integrados en usos agrícolas, lo que dificultó su lectura hasta épocas más recientes. También es interesante que el circo no fue reutilizado de forma intensa en época medieval, algo que sí ocurrió con otros edificios romanos, lo que ha contribuido a que su trazado general haya llegado hasta nosotros sin grandes alteraciones estructurales.





















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