Nos acercamos a ver este castillo, pero estaba lloviendo y además siempre está cerrado, adornado con los contenedores de basura y de un remolque que tiene ahí su plaza de garaje exclusiva. Es un edificio que está bien restaurado pero del que se carece de información para poder acceder a su interior ni siquiera si en algún momento especial se abre al público.
Este monumento aúna entre sus paredes el maltrato al visitante cultural que, tras hacer algunos kilómetros, se encuentra con un edificio muy bonito pero inaccesible. El castillo-palacio de los Altamirano, como también es conocido, se encuentra en pleno casco urbano de Orellana la Vieja, en la provincia de Badajoz, dentro de la comarca de La Serena. Este edificio nace como residencia señorial cristiana vinculada al poder nobiliario local. Su origen se sitúa en la Baja Edad Media, en torno a los siglos XV-XVI, cuando la función estrictamente militar empieza a mezclarse con la representación social y el prestigio de linaje.
El edificio estuvo ligado a la familia Altamirano, uno de los linajes con presencia en la zona tras la reorganización del territorio llevada a cabo por la Orden de Alcántara. Extremadura, ya integrada en la Corona de Castilla tras la conquista del siglo XIII, evolucionó desde territorio de frontera a espacio de señoríos y mayorazgos. En ese contexto, las antiguas estructuras defensivas fueron transformándose en residencias fortificadas. El castillo-palacio responde precisamente a ese modelo híbrido ya que mantiene elementos militares como torres, muros gruesos y aspecto compacto, pero su finalidad principal era residencial y simbólica. Arquitectónicamente presenta planta cuadrangular y fábrica de mampostería reforzada con sillares en esquinas y vanos. Destacan sus torres, entre ellas una torre principal de mayor volumen que actúa como elemento dominante del conjunto.
Los muros muestran escudos heráldicos, testimonio claro de su carácter nobiliario. Es un edificio que proyecta autoridad, control territorial y estatus social. Es el tipo de construcción que combina seguridad básica con comodidad relativa para la vida cotidiana de una familia poderosa. Durante los siglos modernos el edificio fue adaptándose a nuevas necesidades. Con el paso del tiempo perdió su función original y sufrió transformaciones, abandonos parciales y reutilizaciones. Como muchas construcciones señoriales extremeñas, atravesó etapas de decadencia, especialmente a partir del siglo XIX, cuando los cambios económicos y sociales redujeron el peso de la vieja nobleza rural. Parte de su estructura se ha conservado, aunque no puede considerarse intacta ni plenamente restaurada.
Este castillo-palacio de los Altamirano forma parte del tejido urbano y refleja la evolución del poder en Extremadura tras el fin de la frontera islámica. Ya no habla de guerra entre reinos, sino de consolidación social, linajes y administración de tierras. Se sitúa dentro del propio pueblo, integrado en la trama de calles tradicionales formando parte de la localidad. El castillo-palacio de los Altamirano representa la transición entre fortaleza y residencia nobiliaria en la Extremadura bajomedieval y moderna siendo un símbolo del poder local y de la transformación de la sociedad tras la Reconquista. Su interés está en esa mezcla de arquitectura defensiva y palaciega, y en los escudos que recuerdan a sus propietarios.
¡¡Conoce y vive España!!










No hay comentarios:
Publicar un comentario