Pues en nuesta visita a la ciudad valenciana de Gandía, teníamos dos cosas apuntadas en mayúsculas, una es el Castillo de Bairén y la otra es este maravilloso Palacio de los Borgia, que no nos defraudó en absoluto. Además con visita guiada que es como nos gusta ver nuestro excelso patrimonio cultural.

Lo cierto es que el palacio y su visita guiada son uno de los mayores atractivos de la ciudad, ya diría que el más importante culturalmente hablando claro. El Palacio Ducal de los Borja en Gandía es uno de esos edificios que condensan varios siglos de historia en un mismo espacio. Está situado en pleno centro histórico de Gandía, dentro de lo que fue el antiguo recinto amurallado medieval, muy cerca de la colegiata y del núcleo político de la ciudad, lo que ya te da una pista de su importancia simbólica dentro del urbanismo local. Es un palacio que fue el corazón del poder ducal durante siglos. Su origen se remonta al siglo XIV, cuando Gandía pasa a manos de la Corona de Aragón y se establece aquí una residencia para los duques reales. El impulso inicial lo da Alfonso de Aragón “el Vell”, que convierte el lugar en sede ducal a finales del siglo XIV.

En 1485 ocurre el giro clave, Rodrigo de Borja, el futuro papa Alejandro VI, compra el ducado y lo entrega a su hijo, iniciando así la etapa más conocida del palacio. A partir de ese momento, el edificio deja de ser solo una residencia nobiliaria para convertirse en el centro de una de las familias más influyentes del Renacimiento europeo. Durante los siglos siguientes, los Borja reforman el palacio constantemente, y eso se nota en la mezcla de estilos. La base es gótica valenciana, pero encima se van añadiendo elementos mudéjares, barrocos y más tarde neoclásicos. Es un edificio que muestra una especie de collage histórico bastante coherente, donde cada época deja su marca.

En el interior destacan espacios como el Patio de Armas, la Galería Dorada o el Salón de Coronas, que reflejan esa evolución estética y también el poder de la familia. La Galería Dorada, por ejemplo, es puro barroco pensado para impresionar, mientras que otras zonas conservan una sobriedad medieval mucho más funcional. Uno de los puntos más interesantes es que aquí nació Francisco de Borja, que acabaría siendo santo y figura clave de los jesuitas. Su habitación se conserva prácticamente intacta, pero no se puede pisar, solo verla desde fuera, lo que ya te dice el grado de respeto histórico que se mantiene. Este detalle conecta el edificio con una dimensión religiosa que no tenía en origen, pero que se reforzó mucho cuando la Compañía de Jesús adquirió el palacio en el siglo XIX, tras una larga etapa de abandono bastante seria.

Esa fase de abandono es importante porque rompe la continuidad tras la muerte del último duque Borja, sin descendencia, entonces el palacio pasa por distintas manos y pierde su función principal. Durante casi un siglo queda bastante deteriorado hasta que los jesuitas lo compran en 1890 y lo restauran. Gracias a esa intervención se conserva hoy, aunque también introduce elementos nuevos como la capilla neogótica, que no tiene nada que ver con la fase medieval original pero forma parte ya de su historia. El palacio no solo fue residencia política, sino también un foco cultural. Además, el pintor Francisco de Goya utilizó el palacio como escenario para una de sus obras sobre San Francisco de Borja, lo que demuestra que el lugar seguía teniendo un peso simbólico incluso siglos después de su construcción.

Hoy el edificio está declarado Bien de Interés Cultural y se puede visitar. Su estado general es bueno gracias a las restauraciones continuas, de hecho, recientemente se han impulsado nuevas obras de rehabilitación para conservar zonas concretas del conjunto. En conjunto, el Palacio Ducal de los Borja no es solo un palacio bonito, sino una especie de resumen físico de la historia de Gandía, empieza como residencia medieval, alcanza su apogeo con una familia que llegó a dominar media Europa, cae en decadencia y acaba rescatado en época contemporánea. Y lo interesante es que todo eso se puede leer directamente en sus muros y salas, sin necesidad de demasiada interpretación.
¡¡Conoce y vive España!!


















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