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sábado, 25 de abril de 2026

Castillo de Forna, en Adsubia (Alicante) ⭐⭐⭐☆☆

     Es una lástima que se hayan gastado más de un millón de €uros en rehabilitar éste castillo para luego dejarlo así abandonado. Han hecho una estupenda escalera de madera para poder acceder fácilmente hasta las mismas puertas, pero luego la Casa Señorial, se encuentra cerrada y no es posible verlo por dentro. 







    Realmente, este monumento nos ha gustado mucho porque está bien rehabilitado y es muy bonito. El Castillo se encuentra en la comarca de la Marina Alta, dentro del término municipal de Adsubia, en un entorno de montaña suave que domina el pequeño núcleo de Forna. Controlaba un paso natural entre el interior y la costa, lo que explica su función defensiva en un territorio históricamente fragmentado y disputado. Es un castillo espectacular por su estado de conservación, que lo convierte en uno de los ejemplos más claros de castillo señorial bajomedieval en la Comunidad Valenciana. La construcción del castillo se sitúa en el siglo XIII o comienzos del XIV, en el contexto de la reorganización del territorio tras la conquista cristiana de estas tierras por parte de Jaime I de Aragón







    Tras la incorporación del territorio al Reino de Valencia, muchas fortalezas islámicas fueron reutilizadas, reformadas o directamente sustituidas por castillos de nueva planta adaptados al modelo feudal. El de Forna parece responder a esta lógica, aunque no está del todo claro hasta qué punto se levanta sobre estructuras anteriores de época andalusí, pero es una posibilidad habitual en este tipo de emplazamientos. A lo largo de la Baja Edad Media, el castillo estuvo vinculado a distintas familias nobles. Uno de los linajes más asociados a Forna fue el de los Cruïlles, una familia de origen catalán que tuvo un papel relevante en la administración del territorio valenciano tras la conquista. Más adelante, el señorío pasó por otras manos, reflejando la dinámica típica del feudalismo, con ventas, herencias, conflictos y reorganización de dominios. 







    Estas fortalezas no eran solo estructuras militares, sino centros de poder local desde donde se controlaba la población, la fiscalidad y la producción agrícola. El castillo de Forna es un ejemplo bastante claro de castillo-palacio. No se trata únicamente de una fortaleza para resistir asedios, sino también de una residencia señorial. Presenta una planta aproximadamente rectangular, con torres en las esquinas y muros bien conservados. El acceso está protegido y elevado, lo que dificulta un asalto directo. En el interior se organizaban las dependencias residenciales, almacenes y espacios de servicio. La torre del homenaje no es excesivamente monumental, pero sí cumple su función simbólica y defensiva. La construcción combina mampostería con refuerzos en sillares en las zonas más sensibles, como esquinas y vanos, una técnica habitual en la época.







     A diferencia de muchos castillos valencianos, que han llegado muy arruinados hasta hoy, el de Forna ha sido restaurado en varias ocasiones, especialmente en el siglo XX. Esto permite entender mejor cómo era la vida en este tipo de fortalezas. No obstante, estas restauraciones también generan debate porque en algunos casos se ha reconstruido más de lo que se conserva originalmente, algo que siempre plantea dudas sobre la fidelidad histórica, pero es un tema común en muchos castillos restaurados. La importancia de esta fortaleza fue más bien local, ligada al control del territorio y a conflictos señoriales o revueltas puntuales. Durante la Edad Moderna fue perdiendo relevancia militar, como casi todas las fortalezas medievales, y terminó abandonado o reutilizado con funciones secundarias.







    Su aspecto relativamente “completo” hace que muchas veces se utilice como referencia visual para explicar cómo eran los castillos señoriales valencianos, algo que no siempre ocurre con ruinas más fragmentarias. Además, el entorno en el que se sitúa, con montañas suaves y cultivos, ayuda a entender la relación entre fortaleza y territorio agrícola, algo fundamental en la lógica feudal. El Castillo de Forna representa bien el tipo de castillo que realmente estructuraba el territorio en la Edad Media, siendo funcional, ligado a un señorío concreto, adaptado al terreno y más preocupado por el control cotidiano que por la guerra a gran escala. Esa normalidad histórica, si se mira con atención, cuenta mucho más de cómo funcionaba el mundo medieval que los grandes castillos de postal.


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