Este es uno de los dólmenes más grandes y desconocidos de Andalucía. En un paraje sin igual y sobre todo con una vistas fantásticas del embalse de Zahara-El Gastor.
El Dolmen del Gigante suele asociarse mucho con El Gastor porque el acceso habitual parte desde allí, en realidad se encuentra en el término municipal de Montecorto, ya en la provincia de Málaga, en las laderas del Pico Lagarín. Esa mezcla de fronteras es curiosa porque el dolmen pertenece geográficamente a Málaga, pero culturalmente forma parte de toda la red megalítica de la Sierra de Cádiz. Está situado en una zona bastante espectacular de monte y roca caliza, lo que ayuda bastante a imaginar por qué aquellas comunidades prehistóricas eligieron ese lugar para construir una tumba monumental hace unos seis mil años. El dolmen pertenece al Calcolítico o Edad del Cobre, una época en la que las comunidades agrícolas y ganaderas del sur peninsular empezaron a levantar grandes construcciones funerarias colectivas.
Es un lugar donde se enterraba sucesivamente a miembros de un grupo o clan durante generaciones. El Dolmen del Gigante es del tipo corredor o galería y tiene alrededor de ocho metros y medio de longitud. Lo forman enormes ortostatos de piedra clavados verticalmente y cubiertas megalíticas que todavía se conservan en bastante buen estado. Cuando uno entra dentro entiende rápido el motivo del nombre porque las piedras son realmente desproporcionadas para una comunidad que no tenía maquinaria ni metal avanzado. Durante siglos mucha gente creyó que solo gigantes podían haber movido aquellos bloques, y de ahí vienen nombres populares como “Tumba del Gigante”. Una de las cosas más interesantes es que el dolmen forma parte de la llamada Necrópolis de las Angosturas, una concentración de sepulcros megalíticos repartidos entre Montecorto, El Gastor y la zona de Ronda.
Eso indica que toda esta serranía estuvo mucho más poblada y organizada en la Prehistoria de lo que solemos imaginar. En excavaciones realizadas durante el siglo XX aparecieron puntas de flecha, herramientas pulimentadas y restos cerámicos que formaban parte del ajuar funerario. Es decir, los muertos no se enterraban solos, sino acompañados de objetos que probablemente tenían valor simbólico o ritual. Ahí aparece uno de esos detalles fascinantes de la Prehistoria porque demuestra que ya existía una idea compleja sobre la muerte y quizá sobre algún tipo de continuidad después de ella. El estado de conservación es relativamente bueno aunque ha sufrido excavaciones ilegales y expolios antiguos, porque durante mucho tiempo la gente buscaba tesoros dentro de ellos, pero aun así conserva gran parte de la estructura original. Algunas piedras aparecen desplazadas y faltan ciertos elementos de cubierta, aunque sigue siendo perfectamente reconocible y visitable.
Además el sendero de acceso está acondicionado y suele formar parte de rutas arqueológicas y senderistas de la zona. La caminata tampoco es demasiado larga y tiene bastante encanto porque el paisaje alrededor mezcla monte mediterráneo, tajos de roca y vistas abiertas de la serranía. Mucha gente llega esperando algo gigantesco tipo Stonehenge y luego descubre una construcción más baja y recogida de lo imaginado. El dolmen no impresiona tanto por altura como por antigüedad y por la sensación rara de entrar en un espacio funerario construido miles de años antes de Roma, antes de Tartessos y antes incluso de las primeras ciudades importantes de la Península.
¡¡Conoce y vive España!!




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