Un lugar que me enamoró allá por 2021 cuando lo visitamos. Es un museo único, didáctico y auténtico gracias a Maribel Lobato, su cabezona impulsora y creadora. Llamada durante años por muchos como "La Loca de las Basuras" ya que durante decenios estuvo recopilando todos los elementos, que encontraba en las basuras, sobre este noble arte, motor de la población gaditana de Ubrique.
El Museo de la Piel de Ubrique es uno de esos lugares que ayudan a entender por qué Ubrique acabó convirtiéndose en una referencia internacional de la marroquinería. Está situado en el antiguo Convento de Capuchinos del siglo XVII, junto a la zona donde antiguamente estuvieron las tenerías y talleres artesanos del pueblo. El edificio ya merece la visita por sí mismo porque conserva ese aspecto sobrio y serrano típico de muchos conventos andaluces, pero lo interesante es cómo el museo consigue mezclar patrimonio religioso, memoria obrera y tradición industrial sin parecer una exposición fría. La historia del museo tiene muchísimo de empeño personal y casi de rescate patrimonial.
Maribel Lobato, empezó a recopilar herramientas, máquinas y piezas antiguas cuando se dio cuenta de que muchos objetos vinculados a la industria de la piel acababan tirados o abandonados. Con el tiempo, aquellas recopilaciones se transformaron en la exposición “Manos y Magia en la Piel” y terminaron convirtiéndose en el museo actual. Más adelante se incorporó Paco Solano, un veterano del sector marroquinero que aportó conocimientos técnicos y experiencia práctica. Buena parte de los fondos proceden de donaciones de talleres y trabajadores de Ubrique, así que el museo tiene un aire muy auténtico porque casi todo lo que se expone estuvo realmente en uso durante décadas. El recorrido funciona como una especie de viaje por la historia económica y social de Ubrique. Allí aparecen desde los llamados “precisos”, unas pequeñas bolsas de cuero usadas antiguamente por arrieros para guardar yesca, tabaco y pedernal, hasta bolsos modernos y maquinaria industrial más reciente.
También hay recreaciones de antiguos talleres de petaquería, fotografías históricas y herramientas que muestran cómo trabajaban cortadores, costureras y artesanos de la piel cuando buena parte de la producción aún dependía del trabajo manual. Una de las curiosidades más conocidas del museo es la colección de “patacabras jubiladas”, que eran unos soportes de madera utilizados por los artesanos para coser y trabajar el cuero, que están colgadas del techo justo a la entrada, con un número que corresponde a cada trabajador que la utlizaba en su día a día. Muchos trabajadores, al retirarse, donaban la suya al museo como una especie de homenaje a toda una vida de oficio. Cuando uno escucha las explicaciones o ve las piezas antiguas entiende también la dureza de aquel mundo. Ubrique llegó a especializarse tanto en marroquinería que durante décadas medio pueblo vivía directa o indirectamente de esta industria.
Muchos talleres eran pequeños negocios familiares y buena parte del trabajo se hacía en casas particulares o en espacios muy reducidos. Esa relación tan estrecha entre pueblo y oficio es precisamente lo que da personalidad al museo porque no habla solo de objetos, sino de generaciones enteras que vivieron cosiendo, cortando y montando artículos de cuero. En cuanto a su estado actual, el museo sigue abierto y funcionando con Maribel al frente, como uno de los principales reclamos culturales de Ubrique. Las visitas suelen ser guiadas y conviene reservar previamente. Además, el proyecto continúa creciendo gracias a nuevas donaciones y a la implicación de antiguos trabajadores del sector.
Hoy se ha convertido en algo más que un museo local porque sirve para explicar cómo un pueblo relativamente pequeño de la Sierra de Cádiz logró fabricar productos para grandes marcas internacionales de lujo. Y eso tiene bastante mérito si se piensa en el aislamiento histórico de la zona y en lo complicado que era mover mercancías por estas sierras hace un siglo.
¡¡Conoce y vive España!!




No hay comentarios:
Publicar un comentario