Candelario, Candelario, un pueblo de la provincia de Salamanca y perteneciente a la Comarca de La Sierra de Francia. Era la segunda vez que visitábamos esta población y, nos gustó desde siempre esa arquitectura tan especial de la zona que, según dicen algunos, proviene de cuando la repoblación.
Al situarlo en el mapa, conviene precisar que Candelario pertenece a la comarca de la Sierra de Béjar, al sur de la provincia de Salamanca, y no a la Sierra de Francia, aunque por arquitectura se asemeja mucho. Se encuentra en la ladera de la sierra, cerca de Béjar, rodeado de montañas y a bastante altitud. Su emplazamiento y el clima de la zona han influido en el trazado de sus calles y en la forma de construir las casas. El desnivel se aprecia en sus cuestas y en las calles estrechas, que se adaptan al terreno en lugar de seguir un trazado recto. La historia del pueblo está muy ligada a la ganadería y, sobre todo, a la elaboración de embutidos. Durante siglos, la chacinería fue una actividad importante para sus habitantes y dio forma a las viviendas. Muchas casas se organizaban en varias plantas, con espacios para preparar los productos y desvanes donde se curaban. La tradición llegó a tener fama más allá de la comarca, y los productos se transportaban hasta lugares como Madrid.
El trabajo requería la participación de muchas personas, especialmente durante la época de la matanza, y atraía a trabajadores de otros pueblos cercanos. Al pasear por el casco antiguo llaman la atención las calles empinadas y empedradas, las fachadas de piedra y las casas con balcones de madera. También destacan las batipuertas, portones de media altura que protegían la entrada de la nieve y de los animales. En muchas viviendas, la puerta interior podía permanecer abierta mientras la batipuerta seguía cerrada, permitiendo que entrara la luz y el aire sin dejar paso libre a la calle. Los aleros anchos y las galerías también responden a las condiciones de la montaña y contribuían a proteger las casas y a secar los embutidos. Las regaderas son otro rasgo propio del pueblo. Estos canales conducen el agua por algunas calles y recuerdan tanto el aprovechamiento del agua de la sierra como las tareas de limpieza relacionadas con la antigua actividad chacinera.
El agua procede de manantiales y del deshielo, y su sonido acompaña el recorrido por distintos rincones. Junto a las regaderas se encuentran fuentes y pilones que forman parte del paisaje cotidiano del pueblo. Candelario fue declarado Conjunto Histórico por el valor de su arquitectura y de su conjunto urbano. Entre sus edificios se encuentran la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita del Humilladero y el Ayuntamiento. El Museo de la Casa Chacinera permite conocer cómo era una vivienda vinculada a la matanza y a la elaboración de embutidos, además de acercarse a las costumbres del pueblo. La visita ayuda a imaginar cómo se repartían las tareas en la casa y cómo se aprovechaban sus distintas estancias según la época del año. Una curiosidad que se asocia con Candelario es el dicho de atar los perros con longaniza, utilizado para hablar de abundancia.
También se conserva la celebración de la boda típica, que recuerda las costumbres y la indumentaria de otros tiempos. Estas tradiciones muestran el interés de los vecinos por mantener viva la memoria local y compartirla con quienes visitan la población. El entorno ofrece paseos por la sierra y rutas de montaña, así que la visita permite conocer tanto el núcleo histórico como el paisaje que lo rodea. Desde el pueblo se contemplan las laderas y las cumbres de la Sierra de Béjar, un espacio muy ligado a la vida de sus habitantes. En invierno, la nieve y el frío ayudan a entender por qué las casas tienen determinadas formas y por qué las calles se construyeron tan juntas.
En esta segunda visita volvimos a recorrer sus calles con calma y a fijarnos en detalles que quizá se nos escaparon la primera vez. El agua corriendo por las regaderas, las puertas de madera y las casas adaptadas a la pendiente ayudan a entender cómo el lugar ha conservado una identidad muy marcada. Candelario mantiene su carácter serrano y sigue mostrando, en sus edificios y tradiciones, la relación entre la vida cotidiana, el clima y la antigua actividad chacinera. También deja la impresión de ser un pueblo que puede recorrerse sin prisa, mirando las fachadas, las fuentes y los pequeños cambios de nivel que aparecen en cada calle. Su historia no se encuentra solo en los edificios principales, sino también en esos elementos sencillos que aún forman parte del espacio público.
¡¡Conoce y vive España!!




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